Juan March “Juanito Verga”: contrabando, monopolios y poder en la España del siglo XX

Biografía breve de Juan March

Retrato de Juan March

Conocido en su pueblo de Mallorca como Juanito Verga, Juan March empezó como tratante de cerdos, pero pronto entendió que el verdadero dinero no estaba en el mercado, sino en sus márgenes. Tenía un olfato excepcional para los negocios y lo aplicó sin escrúpulos al contrabando de tabaco, la actividad que lo lanzó definitivamente.

Adquirió una fábrica en Argel y acabó controlando el monopolio oficial del tabaco en el protectorado español de Marruecos. Al mismo tiempo, sus faluchos cruzaban el Estrecho descargando tabaco de contrabando en las playas de la península. Legalidad y estraperlo no eran opciones excluyentes, sino partes de un mismo sistema.

Los faluchos eran embarcaciones ligeras y muy rápidas que se usaban para navegación de cabotaje
Los faluchos eran embarcaciones ligeras y muy rápidas que se usaban para navegación de cabotaje.

Neutralidad rentable: la Primera Guerra Mundial

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, March ya controlaba la Trasmediterránea. La neutralidad española convirtió los puertos en un hervidero de negocios turbios. Se dispararon los fletes, se vendían permisos de exportación y, a la sombra de la prohibición de ayudar a los beligerantes, florecieron el soborno y la compra de influencias. Desde España se abastecía tanto a submarinos alemanes como a los aliados. El contrabando se organizó como industria nacional, y March era uno de sus ingenieros más eficaces.

Hacienda mira, el tabaco se escapa

El problema surgió cuando el Estado empezó a perder recaudación. Aunque March tenía el monopolio del tabaco del protectorado, le faltaban Ceuta y Melilla. Lo compensó vendiendo tabaco a los marroquíes, que lo introducían de estrangis para revenderlo a los soldados españoles. No había soldado que regresara de permiso sin cartones bajo el brazo. Entre faluchos, cuarteles y Gibraltar, los ingresos fiscales se evaporaban.

Primo de Rivera llegó a calificarlo de peligro de carácter estatal, pero acabó concediéndole el monopolio del tabaco en Ceuta y Melilla. Mejor dárselo por las buenas que verlo entrar de contrabando. Con ello, March controló prácticamente todo el tabaco del norte de África, incluida la zona francesa.

De empresario a pieza política: República y ajuste de cuentas

En los años veinte diversificó: compra y venta de tierras, inversiones eléctricas, químicas y petroleras. Alardeando de su origen humilde, donó la Casa del Pueblo de Mallorca y financió periódicos contrarios a la monarquía. Diputado por Mallorca, se declaró partidario de la República.

El giro llegó con las Cortes Constituyentes. Aunque los tribunales lo habían declarado inocente, la Comisión de Responsabilidades Políticas lo convirtió en símbolo del capitalismo depredador.

Se le acusó de haber recibido sin concurso el monopolio del tabaco en Marruecos. Lo incómodo es que el nuevo ministro de Hacienda, Indalecio Prieto, concedió ese mismo monopolio, también sin concurso, a la sociedad francesa Le Nil. Prieto lo reconoció en el Parlamento y se justificó alegando que no había otra forma de expulsar a March del norte de África. De allí salió la célebre frase:

“O la República somete al señor March, o él someterá a la República”.

Cuando el poder habla de “moral”, normalmente está ajustando cuentas
Cuando el poder habla de “moral”, normalmente está ajustando cuentas.

Cárcel con privilegios, fuga con soborno

Pese a su inmunidad parlamentaria, March fue encarcelado en junio de 1932. Permaneció año y medio detenido por "orden gubernativa" sin pasar a disposición judicial, alojado en condiciones privilegiadas y dirigiendo sus negocios desde la cárcel.

Cuando la opinión pública empezó a preguntarse por qué no se le condenaba si era culpable, o por qué seguía preso si era inocente, March zanjó el asunto fugándose tras sobornar a sus carceleros. Huyó por Gibraltar.

Ya en París, convocó a la prensa internacional y declaró que lo perseguían por negarse a ser el banquero de la República. Acusó a varios miembros del comité revolucionario de haberle pedido dos millones de pesetas para financiar el cambio de régimen, con la promesa de devolverle un millón por cada peseta. La acusación fue confirmada posteriormente por Miguel Maura y reconocida por Alejandro Lerroux en sus memorias. La diferencia entre donación patriótica y soborno suele depender del resultado electoral.

Guerra civil y geopolítica: el dinero decide

Regresó a España tras la victoria de la derecha en 1933 y volvió a exiliarse en 1936. Durante la guerra civil tuvo un papel decisivo: financió el Dragon Rapide, el traslado de Franco y el primer puente aéreo militar de la historia. Se decía que pedía recibo de cada peseta.

DH.89 Dragon Rapide (G-AKIF) fabricado en 1934
DH.89 Dragon Rapide (G-AKIF) fabricado en 1934.

Durante la Segunda Guerra Mundial colaboró con los británicos para mantener a España fuera del conflicto, sobornando a generales franquistas reacios a los aliados. En 1955 creó la Fundación Juan March, dedicada al arte y la ciencia, con un capital superior al de la Fundación Nobel.

Final

Murió en 1962, en un accidente de tráfico. Para entonces, Juanito Verga había acumulado una de las mayores fortunas del siglo XX, nacida entre el contrabando, la política y una comprensión precoz de cómo funciona realmente el poder.

Edificio actual de la fundación Juan March en el barrio de Salamanca
Edificio actual de la fundación Juan March en el barrio de Salamanca

Comentarios

Lo más leido

Largo Caballero y el golpe de Estado de 1934.

Buscando a el "Caballero Audaz": el azote de la Segunda República.

Gil-Robles, la CEDA y el teatro político de la Segunda República

El asesinato del Teniente Castillo: el crimen que anunció la guerra

Cuando Franco bombardeó Madrid con pan (octubre de 1938)