El asesinato de Anastasio de los Reyes: primer disparo de la Guerra Civil
Asesinato de Anastasio de los Reyes
El asesinato de Anastasio de los Reyes, alférez de la Guardia Civil, marcó uno de los episodios más graves de la llamada primavera trágica de 1936. Lo que debía ser el desfile conmemorativo del V aniversario de la República terminó con un muerto, varios heridos, versiones periodísticas cruzadas y esa tranquilidad oficial que, vista con perspectiva, suena a parte meteorológico redactado bajo censura.
Bienvenidos al primer artículo sobre “la primavera trágica del 36”, una serie dedicada a episodios ocurridos tras la victoria electoral del Frente Popular. Este capítulo se centra en los disturbios del desfile conmemorativo del V aniversario del advenimiento de la República, un acto que terminó con un muerto —el alférez de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes— y varios heridos.
El asesinato de Anastasio de los Reyes abre una cadena de atentados y represalias que acabará desembocando en el asesinato del diputado Calvo Sotelo y, con ello, en el arranque de la guerra civil.
El 5º aniversario de la II República
Es 14 de abril de 1936. Llueve, como suele llover en esa primavera, y aun así Madrid se vuelca: la gente acude en masa al paseo de la Castellana para ver la parada militar. Pero la celebración no transcurre precisamente “en paz”: el desfile queda salpicado por incidentes graves, con un fallecido y varios heridos.
Para reconstruir lo ocurrido seguiremos a tres periódicos del momento: A.B.C. (Madrid), opositor, conservador y monárquico; El Socialista, órgano del PSOE; y Ahora, diario madrileño de tono republicano de centro o “moderado”.
Conviene recordar, además, que pese al precepto constitucional sobre libertad de expresión, la prensa estaba censurada por el Estado de Alarma vigente desde el día siguiente de las elecciones de febrero del 36.
Dejémonos de preámbulos y vamos con la crónica.
Parada y desfile militar en la Castellana
Como cada año, el aniversario de la República se celebra con un gran desfile. En la Castellana, frente a la calle Ayala, se instalan tribunas: una cubierta, la presidencial, reservada al Gobierno y altos cargos; otras descubiertas para Ayuntamiento y Cuerpo Diplomático, que protestó por el aguacero.
Las autoridades van ocupando sus asientos. Ahora señala: “A primera hora las milicias juveniles de los partidos obreros llegaron en formación y se diseminaron por los andenes.” Y El Socialista insiste en el clima de movilización partidista: “destacaban numerosos jóvenes pertenecientes a las organizaciones proletarias, así como afiliados a los partidos del Frente Popular, la mayoría luciendo lazos rojos en las solapas.”
Los últimos en llegar son los miembros del Gobierno, recibidos con aplausos, y a las 11:00 aparece Martínez Barrio en automóvil descapotable. Era el presidente interino de la República, a la espera de que lo sustituyera Azaña tras la destitución de Alcalá Zamora, y venía acompañado del ministro de la Guerra y una “Escolta Presidencial” a caballo.
A.B.C. subraya que el recibimiento fue especialmente entusiasta por parte de las juventudes marxistas: “muy especialmente por las Juventudes marxistas, que en gran parte uniformadas, se habían congregado en los alrededores de la tribuna presidencial, formando alrededor del paseo un cordón.”
El presidente pasa revista a las tropas y, acompañado por el general Miaja, recorre la Castellana en “un landó abierto”. De vuelta a la tribuna, junto al Gobierno, se sientan el inspector general de la Guardia Civil (Pozas), el de Carabineros (Queipo de Llano) y otros generales. En teoría, todo preparado para la fiesta del régimen.
Pero lo que hubo fue una ensalada de tiros.
Explosión de la “traca”
Nada más iniciarse el desfile se oyó un potente estallido, seguido de un tableteo, que muchos atribuyeron a fuego de ametralladora.
(Entre comillas van frases textuales sacadas de los periódicos.)
En la trasera de la tribuna presidencial, justo donde se encontraba el “Escuadrón de la Escolta Presidencial”, un individuo con una cogorza monumental arrojó una traca de petardos que, según El Socialista, hizo callar “los aires marciales de las músicas de los regimientos”.
El autor era un cocinero llamado “Isidoro Ojeda Estefanía”, de “42 años de edad”, “vecino de Canillas”, que consiguió atravesar el cordón de seguridad y tirar “una traca encendida” contra la tribuna. Ahora añade: “como estaba embriagado le faltó fuerza y agilidad, y la cinta fue a caer a los pies de los caballos de la Escolta”.
¡Buena la armó el borracho!
La escena pareció un atentado: la Escolta Presidencial intentó rodear la tribuna para proteger a las autoridades, pero el suelo estaba resbaladizo y varios jinetes terminaron en el suelo. El caos fue inmediato y, claro, el desfile quedó interrumpido.
Según Ahora, el general Miaja “vuelve rápidamente sobre sus pasos” y logra que los soldados recuperen la formación para reanudar la marcha. Descartado el atentado, la calma regresa a trompicones. Ahora describe al ministro de Exteriores asomándose desde la tribuna, ya repuesto del “natural sobresalto”, agitando el sombrero y dando “varios vivas a la República”. El Socialista añade que el resto de ministros se suma a los vivas mientras hace “ademanes de calma a la muchedumbre empavorecida”.
Isidoro Ojeda es detenido
A.B.C. relata: “Varias personas del público (...) trataron de arrojarse sobre Isidoro Ojeda con ánimo de agredirle, pero Isidoro fue protegido por varios guardias, que lo trasladaron a comisaría, donde se pudo advertir que el detenido no se hallaba en estado normal. Se le trasladó con motivo de esta observación a la Casa de Socorro de Buenavista, donde los médicos apreciaron en él un caso de alcoholismo agudo.”
Queda claro que el cocinero no hubiera pasado un control de alcoholemia.
A.B.C. y Ahora lo identifican por fuentes policiales, pero El Socialista va más allá y aporta filiación política. Para hacerlo recurre al testimonio de “D. Emilio Usero López”, suboficial del Ejército del Aire presente como espectador. Según el diario, Usero asistía de paisano con su mujer y, al oír la traca, “arrojó la capa y corrió a la parte posterior de la tribuna, al llegar pistola en mano, encontró al coronel de seguridad, señor Puigdengolas, al que se presentó”. El periódico sostiene que fue el propio Usero quien “procedió a registrar al detenido”.
No sé qué opinará el lector, pero llama la atención que, con tanta seguridad desplegada, el registro del detenido lo haga un suboficial que estaba allí como público. Pero sigamos.
El Socialista es el único periódico que informa de la filiación política del borracho: “encontrándose en un bolsillo un carnet de afiliado a las JONS” y remata, para subrayar que era “fascista”, que “lucía un crucifijo grande”.
Además publica la exclusiva de sus primeras declaraciones: “he hecho esto porque yo también soy del pueblo y ésta es mi voluntad” (sic) (El Socialista 15/04, en portada).
Isidoro Ojea Estefanía fue paseado cuatro meses después, pero esa es otra historia.
Tras el incidente, la parada militar continúa. Primero desfilan las unidades del ejército y después los cuerpos de seguridad: Carabineros, Guardia Civil y fuerzas de Asalto. Ahora dice que su paso “fue acogida por el público con distintas manifestaciones, algunas de desagrado y otras de simpatía”. A.B.C. ofrece otra imagen: “Las fuerzas del ejército fueron muy aplaudidas, así como las del Orden Público”. Y El Socialista lo traduce a su lenguaje: “el ambiente, caldeado por el incidente anterior, era propicio a que el entusiasmo del público se desbordase en vítores a la República, al jefe del Estado y al señor Azaña”.
Con el público ya en ebullición, el propio El Socialista lo enmarca así: “Todo hacía suponer que las provocaciones fascistas habían terminado definitivamente. Pero no; faltaba algo más grave que todo lo ocurrido: la agresión cobarde, contra la muchedumbre indefensa.” (El Socialista, 15/04/1936).
La muerte del alférez Anastasio de los Reyes
Cuenta A.B.C. que, al pasar la Guardia Civil por la plaza de Colón, un grupo empezó a lanzar el “grito característico” de ¡U.H.P.! de forma insistente (Unión Hermanos Proletarios).
El Socialista dice tener una versión “de entero crédito”, de un “camarada” testigo y partícipe: según él, 15 o 20 personas “bien vestidas” comenzaron a gritar “España, España”, que el diario tacha de consigna fascista. El camarada les pide que se callen “para evitar incidentes” y, siempre según esa versión, intentan agredirle. La situación se descontrola y pasan unos jóvenes de organizaciones proletarias a los que pide ayuda.
Se oyen 7 u 8 disparos (según Ahora), sin que se sepa el motivo ni de dónde salieron. El Socialista afirma que un cabo de asalto y un policía intentaron detener a tres de los que gritaban, mientras otros huían hacia la plaza disparando.
Lo seguro: hubo tiroteo, estampida y el público salió huyendo, tirando las sillas colocadas para ver el desfile. Poco después llegó al botiquín de la Casa de la Moneda el cadáver del alférez de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes, con un proyectil en el hígado; además, quedaron gravemente heridos otros dos guardias civiles, Benedicto Montes y Antonio García, todos de paisano y como espectadores.
Pim, pam, pum. Toma Lacasitos.
Cuarenta y dos años después, Manuel Tagüeña Lacorte (instructor de las milicias socialistas y escolta de Largo Caballero) escribió en sus memorias:
“Este alférez era muy conocido por sus ideas derechistas y fue reconocido por algunos de sus compañeros republicanos, que daban escolta al presidente, y ejecutado sobre el terreno.
Todos ellos pertenecían al grupo motorizado, cuyo cuartel, en la Prosperidad, debíamos haber asaltado en octubre del 34, guiados por el capitán Cortés” (Testimonio de dos Guerras, pág. 68, Ed. Planeta).
“El capitán Cortés”. Ojo al dato: quédate con este nombre, porque es otro protagonista de esta serie; nada menos que el que organizó el secuestro y asesinato de Calvo Sotelo.
Con la muerte de Calvo Sotelo, el capitán Cortés venga el asesinato de su amigo, el teniente Castillo, otro protagonista de esta serie: un policía antidisturbios que, a su vez, mató a un primo de José Antonio Primo de Rivera en el entierro de este guardia civil celebrado dos días después.
En este desfile, por tanto, empieza a cocerse un pastel cuya guinda es el asesinato de Calvo Sotelo y el estallido de la guerra civil.
Ahora añade un detalle más de esa “fiesta”: “parece que el niño Manuel Maeso, además de las erosiones que le produjeron algunas personas al arrollarle, tiene un balazo, de carácter leve, en una pierna”. Niños recibiendo plomo durante la celebración. Todo muy normal y democrático. Una “provocación fascista”, según El Socialista.
Hoy, un episodio así bastaría para suspender el desfile. Sin embargo, los periódicos sostienen algo difícil de creer: “renacida ya la tranquilidad”, el desfile continuó celebrándose “dentro del mayor orden”. Renacida la tranquilidad… ya. Sabe Dios qué habrían escrito sin censura.
Contra-manifestaciones
Tranquilidad, lo que se dice “tranquilidad”, no había. Se informa de manifestaciones en calles aledañas organizadas por elementos del Frente Popular como protesta por lo ocurrido, “dando determinados vivas”. Hubo agresiones a transeúntes, acusándolos de “fascistas”, y al mismo tiempo una contra-manifestación en Serrano de elementos derechistas.
La fuerza pública intentó separar a ambos grupos cortando el paso, pero el ambiente estaba para jarana y hubo que enviar refuerzos policiales. Se practicaron 30 detenciones.
El desfile terminó “sin más incidentes” a la una menos cuarto de la tarde. El presidente, el Gobierno y el resto de personalidades se retiraron en sus coches oficiales.
No está mal el clima de normalidad y concordia democrática a solo 90 días del inicio de la guerra civil, ¿verdad? Si esto te ha parecido interesante, no te pierdas el entierro de Anastasio de los Reyes, el guardia civil asesinado en el desfile de hoy: otra entrega de “normalidad democrática”, con esquela censurada por orden del Gobierno, comitiva fúnebre tiroteada y final en batalla campal por las calles de Madrid.


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