Asesinato de Calvo Sotelo: el primer "paseo" de la 2ª República
El asesinato de Calvo Sotelo paso a paso
La madrugada del 13 de julio de 1936 marcó un antes y un después en la historia contemporánea de España.
José Calvo Sotelo, líder del Bloque Nacional y principal figura de la oposición parlamentaria, fue secuestrado en su domicilio por agentes de la Guardia de Asalto y asesinado de dos tiros en la nuca dentro de una camioneta policial. El cadáver apareció poco después en el depósito del cementerio de la Almudena.
Este crimen, que reproducía punto por punto el patrón del paseo —detención ilegal, ejecución sumaria y abandono del cadáver— se convirtió en el detonante definitivo de la Guerra Civil Española. A día de hoy, su impacto político, jurídico y simbólico sigue generando controversia entre historiadores y opinión pública.
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| En el ABC del 14 de Julio, página 4, informa que «Caballero Audaz» estaba en el depósito de cadáveres, antes de que el lugar fuera acordonado por la policía. |
Una autopsia político-judicial que explica cómo se muere una democracia desde dentro.
¿Quién mató a Calvo Sotelo?
Luis Cuenca Estevas, escolta personal del socialista Indalecio Prieto, fue identificado como el autor material del asesinato. El capitán de la Guardia Civil Fernando Condés lideró la patrulla que ejecutó el secuestro. Ambos tenían vínculos con la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA)
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| Nacido en 1910, Luis Cuenca Estevas fue escolta del dictador cubano Gerardo Machado. Motivo por el que a su vuelta le apodaron "El cubano". |
A pesar de los testimonios que apuntaban claramente a los culpables —escoltas, portero, familiares, conserjes del cementerio—, no se produjo una investigación eficaz. Solo uno de los implicados, el conductor de la camioneta Orencio Bayo Cambronero, fue detenido. Curiosamente, era el único que no participó voluntariamente en los hechos.
Así fue el asesinato de Calvo Sotelo
Imagínate una camioneta cargada de policías, acompañados por afiliados de Podemos y comandados por un capitán de la Guardia Civil. Se presentan por la noche en el domicilio del líder del PP, le arrestan, y aparece fiambre al día siguiente en el cementerio de la Almudena.
¿Te imaginas las redes sociales al día siguiente? Pues así lo vivieron los españolitos del 36, pero sin Twitter. Lo que impactó no fue tanto el asesinato de un reconocido político, exministro y diputado de la República, sino la forma en que se hizo.
Una patrulla, formada por policías y civiles armados, se presentó pasada la medianoche en el domicilio del diputado, en la calle Velázquez 89.
Forzaron la entrada, cortaron la línea telefónica para impedir cualquier llamada, y se llevaron a Calvo Sotelo bajo la excusa de una “diligencia judicial”.
Testigos relataron que el diputado intentó mantener la calma, pidió tiempo para vestirse y preparar un neceser, y salió acompañado por su institutriz. Subió a una camioneta descubierta de la Dirección General de Seguridad.
Al poco de iniciarse el trayecto, observa que giran hacia las afueras. Calvo Sotelo protestó y amenazó con bajarse del vehículo.
— Pare usted inmediatamente. Exijo que se me conduzca a la Dirección de Seguridad. O detienen ustedes el coche o me tiro en marcha. Y uniendo a la palabra la acción, trató de ponerse en pie."(J.Mª Carretero Novillo - Declaración de Guerra, pág. 80)
Piénsalo por un momento: una sofocante noche de julio. Ventanas y balcones abiertos, madrileños de sueño ligero tomando el fresco en balcones y ventanas y un diputado vociferando en un coche descapotable de la policía
Luis Cuenca Estevas le mete dos tiros en la nuca para acabar con la escandalera.
Su cuerpo fue abandonado en el cementerio del Este, presentado como “el cadáver de un sereno sin documentación”, asombrosamente iba demasiado bien vestido.
El juez Pérez Carbajo y las pistas ignoradas
El juez de guardia, Ursicino Pérez Carbajo, puso en marcha diligencias inmediatamente. Ordenó inspecciones, interrogatorios y careos. Requisó la camioneta, donde se hallaron manchas de sangre compatibles con la víctima.
Escoltas, el portero y familiares coincidieron: los secuestradores eran policías y civiles armados que mostraron carnets oficiales. El portero (policía retirado) reconoció al conductor de la camioneta, Horacio Bayo Cambronero.
Sin embargo, en lugar de apoyar la investigación, el Gobierno lo sustituyó por jueces especiales afines. El sumario desapareció durante la guerra, y la autopsia oficial fue reconstruida años después.
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| Foto icónica. El forense Antonio Piga fumándose un puro delante del cadáver. |
El Estado republicano: colapso, encubrimiento y silencio
En un país con un verdadero Estado de derecho, el crimen se habría resuelto en 48 horas. Pero en la España del 36 el Gobierno eligió mirar hacia otro lado.
No se ordenaron detenciones masivas. No se ofrecieron explicaciones claras. Se obstaculizó la acción judicial. Se impidió el funeral de Estado del diputado y se censuró toda mención a la implicación de las fuerzas de seguridad.
El contraste era obsceno: mientras el teniente Castillo recibía una capilla ardiente en el Salón Rojo de la Dirección de Seguridad, Calvo Sotelo era velado en el mismo depósito del cementerio donde fue abandonado.
El diputado Julián Zugazagoitia reconoció en sus memorias que acogió en su domicilio a uno de los autores. No desveló la identidad de su huésped: “Me parece una prueba de respeto a su muerte no asociar su nombre a la relación que me hizo.” (Guerra y Vicisitudes de los Españoles. pág. 28-30)
No es el único socialista que se olvidó de colaborar con la Justicia: Juan Simeón Vidarte cuenta en “Todos fuimos culpables” que aconsejó a Fernado Cortés que se ocultase “mientras vemos cuáles son las derivaciones que pueda tener este asesinato”, y le manda esconderse en el domicilio de la diputada socialista Margarita Nelken.
No sé qué pensarás tú, en mi opinión, esta actitud está perfectamente tipificada en el código penal, se llama: encubrimiento de asesinato.
¿El asesinato de Calvo Sotelo provocó la Guerra Civil?
Aunque el golpe militar llevaba meses gestándose, el asesinato del líder de la oposición fue el empujón final que necesitaban los sectores militares para pasar a la acción.
Los que todavía estaban deshojando la margarita, vieron que era menos arriesgado sublevarse que permanecer fieles a la República.
Para muchos historiadores, el crimen fue el catalizador definitivo. Luis Romero, Ian Gibson, Hugh Thomas o Ricardo de la Cierva coinciden en que el asesinato dejó en evidencia la parálisis del Gobierno, su pérdida de control sobre las fuerzas del orden y su sumisión a los sectores más radicales del Frente Popular.
La opinión pública quedó conmocionada. El Parlamento se cerró ocho días como “medida para calmar las pasiones”.
Pero el daño ya estaba hecho. El asesinato de Calvo Sotelo convirtió el ambiente de polarización en ruptura definitiva. Las dos Españas ya no se hablaban: se apuntaban.
Conclusión: cuando la legalidad muere antes que el régimen
El asesinato de José Calvo Sotelo no fue solo un crimen político. Fue la evidencia palpable de que la Segunda República había perdido el monopolio de la violencia legítima.
La demostración de que algunos policías actuaban como milicianos, que algunos diputados protegían a asesinos, y que la justicia podía ser apartada si incomodaba.
El "paseo" de Calvo Sotelo es el símbolo de una democracia que se suicida a sí misma. Y no por falta de enemigos, sino por la cobardía de sus defensores.
Fin de la serie “La primavera trágica del 36”.
Relación de fuentes consultadas:
Los enlaces a periódicos:
- La Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España, (Ahora, La Voz)
- La Hemeroteca digital vasca (El Nervión y El Liberal)
- El archivo digital de la Fundación Pablo Iglesias. (El Socialista)
- Hemeroteca del periódico ABC
Libros:
- "En España, con Federico García Lorca" de Carlos Morla Lynch. Ed. Salamanca. Renacimiento. (2008)
- "Crónicas de la República" de Josefina Carabias. Ed. Temas de Hoy (1997)
- "El bulo de los caramelos envenenados." de Regina García García. Colección Temas españoles nº 68. (1953)
- "El asedio de Madrid." de Eduardo Zamacois. Ed. Mi revista Barcelona (1938)
- "La revolución española vista por una republicana". de Clara Campoamor. Ed. Espuela de Plata. - España en armas. (2.013)
- "El crimen de Europa" de Manuel Domínguez Benavides. Ediciones Sopena. (1937)
- "Por qué y cómo mataron a Calvo Sotelo" de Julio Romero. Ed. Planeta (1982)
- "Testimonio de dos Guerras." Manuel Tagüeña Lacorte. Ed. Planeta. Espejo de España (1978)
- "Declaración de Guerra" José María Carretero. Ed ECA (1939)
- "La noche que mataron a Calvo Sotelo" de Ian Gibson. Ed. Argos Vergara (1982)




Saga imprescindible la de la Revolución de los Patibularios para comprender al bando rojo y conocer detalles interesantísimos sobre la supervivencia, la persecución y el checkismo durante la guerra en Madrid.
ResponderEliminarSaga imprescindible la de la Revolución de los Patibularios para comprender al bando rojo y conocer detalles interesantísimos sobre la supervivencia, la persecución y el checkismo durante la guerra en Madrid.
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