Manuel Bastos Ansart, el cirujano de la Guerra Civil: Durruti, quirófanos y posguerra
De las guerras coloniales a la guerra civil: memorias de un cirujano
Manuel Bastos Ansart: el cirujano al que la guerra pilló con el bisturí afilado
El doctor Manuel Bastos Ansart ya era un cirujano respetado cuando estalló la Guerra Civil. Y eso, en 1936, era casi una superstición: en una época en la que la traumatología aún no era “especialidad”, sino un apéndice inevitable de la cirugía general, Bastos se movía en el territorio donde la medicina deja de ser ciencia bonita y se convierte en contabilidad de daños.
Poco antes de la guerra había publicado Algunos aspectos clínicos de las heridas por arma de fuego , un texto nacido de su experiencia tras el intento de golpe de estado de 1934 , la mal llamada "Revolución de Asturias" . Fue, según se cuenta, un libro útil para médicos de ambos bandos: la contienda puso de moda esa clase de conocimientos que nadie cree necesitar… hasta que las balas deciden que sí.
La guerra, en suma, no lo sorprendió virgen: a sus 49 años tenía oficio, callo y una biografía profesional donde el “caso raro” ya no lo era tanto.
Un cirujano de guerra desde adolescente (eran otros tiempos, sí…)
Nacido en 1887 , comenzó a practicar cirugía de guerra con 19 años , al ingresar por oposición en el Cuerpo de Sanidad Militar . En 1909 resultó herido en la guerra de Marruecos, ese “Vietnam español” que algunos prefieren recordar como aventura, pero para el dr. Bastos fue un manual acelerado de amputaciones.
Su etapa en el Hospital cívico-militar de Alhucemas le dio una experiencia quirúrgica tan amplia como incómoda, él mismo lo cuenta con una sinceridad poco habitual en las memorias complacientes:
"Intervine así en hernias y tumores, pero también operé cataratas. El desparpajo con que yo me atrevía entonces a todo, a pesar de lo inseguro de mi técnica, me abochorna todavía profundamente.
Tanto más, cuanto que actuar en aquellos bereberes que constituían mi material clínico, me parecía algo así como hacer operaciones 'in anima vili'”.
Traducción moderna: me creía capaz de todo y ahora me da vergüenza… y encima lo hacía sobre gente a la que el sistema trataba como material . No hace falta añadir moralina; el propio texto ya la trae puesta.
Madrid en guerra: quedarse “con los rojos” por una razón simple
Tuvo ocasión de pasarse a la zona rebelde, pero prefirió quedarse en Madrid con su familia, “porque nunca creí que a nadie pudiera venirle daño alguno por permanecer al lado de las víctimas de una guerra, a él confiadas” . Idealismo médico en estado puro… hasta que la política decide que curar también tiene bando.
Describe jornadas interminables, sin distinguir día o noche bajo la lámpara del quirófano. Trabajaba en el Hospital Militar de Carabanchel , pero al acercarse peligrosamente al frente lo trasladaron al Hotel Palace , convertido en hospital improvisado. Allí siguió operando: cuando una ciudad se descompone, los hoteles acaban haciendo de hospitales, y los hospitales acaban haciendo de trincheras.
Durruti: cuando el bisturí no salva ni la propaganda
Un día lo reclamaron unos anarquistas: necesitaban ayuda urgente para su jefe, Buenaventura Durruti , que agonizaba en el hotel Ritz .
Bastos no pudo salvarlo. Diagnosticó que la herida de bala era “ mortal de necesidad ” , lo cual —según el propio relato— sirvió de alivio a los médicos que lo atendieron primero: temían que un personaje así muriera en sus manos y les cayera encima de la acusación de traición. En una guerra, la medicina no solo trata heridas: también miedos .
La prensa informó que Durruti había muerto por una bala “fascista” en la Ciudad Universitaria. Sin embargo, Bastos afirma en sus memorias que oyó decir a los escoltas que lo habían disparado sus propios compañeros . Aquí conviene mantener el tono: en guerra, la parte oficial siempre es limpia; la realidad, puede que no tanto...
Final de guerra en Alcoy: el hospital humanitario y la política en la puerta
Terminó la contienda operando en el Hospital Sueco-Noruego de Alcoy , financiado por ayuda humanitaria escandinava. Los promotores exigieron que lo dirigiera un médico prestigioso y se le propuso para el puesto. Bastos aceptó dirigir el equipo quirúrgico, pero se negó a ejercer de “gerente” —un cargo más político que médico—, como quien dice: yo corto, no administrador banderas .
(Después, el hospital sería usado como prisión al acabar la guerra. La historia tiene esos giros: donde hubo vendas, luego hubo rejas).
Posguerra: el cirujano acusado de “auxilio a la rebelión”
Al terminar el conflicto, las nuevas autoridades le tomaron la matrícula por no haberse unido al “Movimiento”. Lo detuvo, según se cuenta, uno de sus propios discípulos. Y llegó la escena grotesca que resume tantos expedientes:
“Cuando me puso a la firma un papel en el que yo aparecía como procesado 'por auxilio a la rebelión', me negué protestando…”
El juez lo escuchó sereno y le aconsejó que no adoptara “actitudes de rebeldía”: su caso era “claro”, todos sabían que estaba libre de responsabilidad. El tipo de tranquilidad judicial que suena estupendo… hasta que recuerdas que en aquellos días las sentencias iban a menudo por el carril de la venganza.
El proceso se torció, según su relato, por un motivo tan humano como letal: un miembro del tribunal había perdido a su hijo, “un joven médico… asesinado por los rojos” . Su esposa intentó retrasar la comparecencia porque “el cese de las hostilidades no había traído la paz a los espíritus” y los tribunales imponían penas durísimas. La guerra había terminado; la factura emocional seguía en caja.
Antes del conflicto, Millán Astray había elogiado su trabajo con mutilados y heridos de Marruecos, calificándolo de “bienhechor de los legionarios” por su trabajo en el Instituto de Cirugía Ortopédica y Reeducación . Pero después se negó a interceder por él: no le perdonó no haberse unido al “Movimiento”.
Le cayeron 12 años de cárcel .
El episodio “demente”: salvarlo con una parte médico
Aquí el relato se vuelve casi surrealista: sus propios compañeros lo mantuvieron drogado una temporada y firmaron partes para que fuera declarado “demente” y así evitar la prisión. No es una escena edificante; es una escena exacta: la medicina usada como salvoconducto.
Tras gestiones —y apoyos de personas influyentes del bando vencedor que “deseaban les asistiera” — terminaron recluidos en un hospital, donde pudo seguir operando. Cumplió condena como cirujano en régimen de tercer grado: castigo y utilidad, en el mismo paquete.
Fue expulsado del ejército, perdió su puesto en el Hospital Militar de Carabanchel y se le prohibió ejercer en centros oficiales. Una vez libre, emigró a Barcelona y abrió consulta privada con éxito.
Epílogo: prestigio, memorias y la caída en el Liceo
Con los años se consolidó como autoridad en heridas de guerra, dio conferencias internacionales y publicó numerosos textos (operatoria ortopédica, traumatología, osteosíntesis, etc.), de esos que acaban en facultades y, décadas después, en librerías de viejo esperando a que alguien los rescate.
Ya mayor, escribió sus memorias: De las guerras coloniales a la guerra civil. Memorias de un cirujano , de donde procede buena parte del material de este artículo.
Murió con 85 años tras caída una bajando las escaleras del Gran Teatro del Liceo de Barcelona. Era aficionado a la ópera desde estudiante, cuando entró en la “clac” del Teatro Real de Madrid.
Y sí: sobrevivir a Marruecos, a Madrid bombardeado ya una condena de posguerra para acabar derrotado por una escalera… es el tipo de ironía que la historia se reserva para el final.
En Majadahonda tiene dedicada una calle, localidad con la que guarda una estrecha relación.
ResponderEliminarMuy interesante la biografia del gran doctor
ResponderEliminarHasta ahora no sabía porqué una de las calles del barrio en Majadahonda se llamaba "calle del Dr Bastos ,tras la guerra civil no los ángeles se libraban de la ignominia.
ResponderEliminarSu hijo operó dos veces a mi hermano. Me gustaría saber qué fue de el, ya que solo sale información del padre
ResponderEliminarNo tengo ni idea. Solo me interesé por la vida del dr Bastos-padre que se puede conocer por sus memorias.
EliminarMi amigo fue operado por el Doctor Bastos en el campo de concentración de Alicante por eso salvo el brazo ya era famoso médico siempre habló bien de el hoy me acordé y busqué y si aquí esta
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