El escándalo del Straperlo acaba con Lerroux

El Straperlo se vendía como un juego que agudizaba el ingenio.

El escándalo del Estraperlo

Fecha del estallido: .

Lugar: España .

Diagnóstico: gangrena institucional en fase terminal.

El escándalo del Estraperlo no fue solo un episodio más en la enciclopedia nacional del chanchullo. La caída del Gobierno de Lerroux fue el desenlace lógico de un sistema donde la ética pública era un souvenir olvidado en el armario del cinismo político.

Todo empezó, como tantas veces, con un artefacto mágico prometiendo riqueza instantánea: una regla eléctrica vendida como ejercicio de inteligencia. En realidad, una estafa glorificada en antesalas de Ministerios, hoteles de lujo y sobornos con marcos dorados.

La antesala del caos: crisis incomprensible con guion cutre

Septiembre de 1935. El gobierno se desmoronó como un decorado de cartón piedra. La prensa no da explicaciones —la censura era el pan nuestro de cada día— y los partidos fingen demencia selectiva.

Se suponía que la crisis en la coalición de gobierno era por un decreto de transferencia de competencias a la Generalitat. Luego resultó que el decreto no transfería nada.

El momento era delicado. Mussolini estaba invadiendo Etiopía y la Royal Navy poniendo proa al Mediterráneo a toda máquina. Si no había motivo para una crisis, lo lógico era que se pusieran a trabajar y se dejaran de chorradas.

Sin embargo, ocurrió todo lo contrario:

Continuó el cruce de declaraciones entre los principales líderes de la coalición. Finalmente, Alejandro Lerroux presentó a Alcalá-Zamora su dimisión ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo.

“Cosas de la política española”, diría cualquier tertuliano con sonrisa cínica. Pero no. Era la tapadera. Lo que se avecinaba era un apocalipsis moral disfrazado de reestructuración administrativa.

Chapaprieta entra en escena: el tecnócrata independiente

Alcalá-Zamora, ese presidente que confundía democracia con intriga palaciega, nombró a Joaquín Chapaprieta —un “hacendista” con un escaño solitario— como Presidente del Gobierno.

¿Y Gil Robles, con sus 115 escaños?

A mirar desde la grada.

El Jefe del Estado prescindía del líder del partido más votado para elegir a un tipo que no tenía más representación parlamentaria que su propio escaño.

El desprecio del jefe del Estado al líder de la CEDA no era nuevo. Ya hablé de este asunto en el artículo dedicado a los indultos de los golpistas de 1934. Lo que no entendía nadie es que Lerroux tragara saliva, agachara la cabeza y aceptara la cartera de Exteriores como premio de consolación.

También resultó chocante que Gil-Robles se mostrara de acuerdo con la maniobra votando a favor de un independiente como Chapaprieta.

No tenía lógica.

Chapaprieta y Gil Robles salen rodeados de periodistas de la casa de Lerroux un día antes de formar el nuevo gobierno. (Ahora, 25/09/1935). Gil Robles se "olvida" mencionar esta entrevista en sus memorias.

Fueron días de muchos rumores en los pasillos del Congreso. Hasta que un viernes 18 de octubre, Joaquín Chapaprieta entregó una nota a la prensa que decía:

“ha llegado oficialmente a poder del gobierno una denuncia hecha por un extranjero (..) en la que se formulan acusaciones contra determinadas personas, por supuestas irregularidades con ocasión del ejercicio de funciones públicas...”

Entonces se supo todo. El Presidente de la República había puesto en conocimiento del Gobierno el caso Estraperlo, un escándalo de corrupción política.

... y entonces cobró sentido la crisis del mes anterior.

Se armó la marimorena.

El origen del Estraperlo: entre casinos, humo y champán

Todo empieza en tiempos de Alfonso XIII. Se inició una política contra el juego que culminó con el cierre de los casinos en la dictadura de Miguel Primo de Rivera .

¿Problema?

Que la ley cerró los casinos, pero no consiguió que desaparecieran los jugadores.

En San Sebastián veían con pesar como la gente guapa y cosmopolita cruzaba la frontera de Hendaya para dejarse la pasta en el casino de Biarritz.

Con este panorama, no es de extrañar que cuando apareció en España un judío huido del nazismo, soltando puros y propinas a diestro y siniestro, diciendo que venía a explotar una ruleta eléctrica a la que no afectaba la prohibición del juego, la casta viera luz al final del túnel.

Alguno volvió a soñar con las noches de dinero y champán de los felices 20, cuando la familia real veraneaba en la "Bella Easo" y su casino funcionaba a todo trapo.

¡Oh!

Miguel Primo de Rivera cerró el Gran Casino de San Sebastián. Actualmente alberga al Ayuntamiento.

La ruleta de Strauss no era un juego de azar. Era una máquina recreativa de destreza mental: la alternativa ideal allá donde estuviera prohibido el juego.

Todo lo que uno necesitaba para forrarse con su ruleta era: "vista, rapidez en el cálculo, memoria retentiva y serenidad" .

¡Oooh!.

El problema: estaba trucada.

Tenía un botón oculto para manipular el giro. El crupier podía regular las ganancias a placer. Una metáfora literal de cómo funcionaba la política del momento: parecía azar, era trampa.

Pardillos.

Daniel Strauss: un aventurero en el país de Sancho Panza

El "affaire" empieza en febrero de 1934. Daniel Strauss y su socio Perlowitw llegan a Barcelona convocados por Jack Bilbo, un fulano con fama de activista de izquierdas que había sido guardaespaldas de Al Capone.

Bilbo tiene buenos contactos entre la casta política catalana, los presenta como empresarios interesados ​​en promocionar el turismo catalán. Quieren organizar una gran velada de boxeo en el Estadio de Montjuic.

Verás.

El verdadero objetivo era darse a conocer en las altas esferas de la Generalitat para conseguir los permisos de explotación de su regla en el Gran Hotel Terramar de Sitges.

Llegaron a ser recibidos por el alcalde de Barcelona y el mismísimo President. Lo cierto es que Companys estuvo fino: se desentendió del asunto cuando se enteró que la policía holandesa había arrojado las ruletas de Strauss por las ventanas del Casino de la Haya.

El promotor de boxeo Joaquín Gasa, Daniel Strauss, Luis Companys, el boxeador Schmeling y Joachim Perlowitz posan juntos a la salida de un banquete.

Strauss, sin embargo, no era de los que se amilanan a la primera.

Siguió codeándose con la casta política catalana hasta que dio con un tal Joan Pich y Pon, quien le dio “nuevas perspectivas” para su negocio en Madrid.

Perspectivas, sí: con peaje.

Este fulano, con apellido de muñeco de Famosa, encarna el milagro más repetido de la política española: un analfabeto de origen humilde que pasa de electricista a propietario de una compañía eléctrica y, ya puestos, de un grupo periodístico.

Un milagro, oiga.

Por entonces, Pich y Pon mandaba en el Partido Radical en Cataluña y, además, ocupaba la Gobernación en sustitución de Companys, encarcelado desde hacía un año tras su fallida intentona secesionista catalana de octubre de 1934.

Una figura, de los que siempre caen de pie, aunque el país se caiga sentado.

Pich y Pon tranquilizaron a Strauss con esa clase de sinceridad que ahorra tiempo: no tenía nada que temer; su invento podía autorizarse… siempre que hubiera dinero.

Parné había.

Así que lo presentó a Aurelio Lerroux, sobrino e hijo adoptivo del presidente del Partido Radical. En esta historia, el mérito no se hereda: se administra.

Entre ambos le aseguraron que la autorización para explotar el invento era pan comido y, para que no quedara duda, le fueron presentando “altas personalidades” que —qué casualidad— iban a agilizar los permisos para la ruleta.

Agilizar: esa palabra que en España significa exactamente lo que estás pensando.

Regla clausurada, paciencia infinita.

Son los meses del Gobierno de Ricardo Samper, cada uno de los políticos que se involucran en la movida exigen a Strauss la mordida correspondiente.

Strauss se deja sablear porque sabe que recuperará la pasta en cuanto empiece a rodar la bolita.

Cuando por fin todo está ok, Strauss se gasta otro pastizal en alquilar el Casino de San Sebastián. Se trae crupiers de Bélgica, contrata camareros con librea, una gran orquesta y hasta un servicio de autobuses para traer jugadores desde Hendaya.

¿Qué pasó?

El día del estreno, apenas empiezan a rodar las ruletas, entró la policía pistola en mano y cerró las instalaciones.

La denuncia de un periódico izquierdista madrileño motivó el cierre del casino de San Sebastián. (La Voz, 12/Sep/1934)

El negocio empezaba mal.

No obstante, el sobrinísimo del Presidente y el de apellido de Famosa eran gente de recursos. Convencen a Strauss de que el próximo Gobierno —con Lerroux al mando— le daría la llave para su ruleta.

Total, que el bueno de Strauss decide seguir soltando la gallina. Ingenuidad nivel turístico con chanclas en la Gran Vía.

Efectivamente, el 4 de octubre de 1934 se forma un nuevo gabinete. Cambian al Ministro del Interior, y entran los tres ministros de la CEDA que sirvieron de excusa para el golpe de Estado de 1934 .

El asunto de la ruleta parecía encaminado.

Sin embargo, la historia se repite. Esta vez en el Hotel Formentor de Palma de Mallorca: la guardia civil lo clausura cuando llevaba 10 días girando la ruleta.

Finalmente, Strauss abandona España escaldado después de haber gastado un pastizal por un permiso que nunca llegó.

Alcalá Zamora filtra el escándalo del Estraperlo

Lo que nadie imaginaba es que Strauss había ido guardando expedientes, facturas, cartas y fotografías que documentaban el dinero gastado en preparativos y sobornos.

Strauss pone a la luz los chanchullos de un panda de corruptos pululando por casinos, antesalas de ministerios, direcciones generales y hoteles de lujo.

Entre los implicados figuraban exministros, diputados, “sobrinos de” y todo tipo de "cargos de confianza". Chorizos dispuestos a cotizar sus influencias para obtener unos permisos que nunca llegaron.

El asunto parecía un guión de novela picaresca española.

* * *

Strauss descartó poner una denuncia en los juzgados: no tenía esa opción porque su invento era una estafa. Decide chantajear al Presidente del Gobierno.

Le exige 85.000 florines o lo cuenta todo. Lerroux, con arrogancia de político en decadencia, lo ignora.

"¡A buena parte venían! En primer lugar que no vi en el asunto, (..) , más que una imprudente ligereza sin importancia , en segundo lugar, que yo no he sido nunca sujeto fácil para domadores".

Cuando Lerroux escribió estas líneas en 1937, se encontraba exiliado en Portugal y la “imprudente ligereza” había terminado con su larga carrera política.

Entonces el alemán pasa los papeles a Henry Torres abogado parisino bien conectado con la izquierda española, quien los pasa a su vez a Indalecio Prieto. Don Inda vivía exiliado en Bélgica sin problemas de efectivo gracias a los 14 millones de pesetas que los socialistas habían robado en el asalto a la sucursal del Banco de España durante la mal llamada revolución de Asturias. (Si lo hubiera hecho la derecha se llamaría golpe de Estado)

A partir de aquí, puedes imaginar cómo llegó la denuncia (en perfecto castellano) a Alcalá-Zamora.

El envío está fechado el 5 de septiembre de 1935, el 16 es puesto en conocimiento del Presidente de la República, y el 20 estalla la crisis inexplicable que apartó a Lerroux de la Presidencia del Gobierno.

¿Te das cuen?

Lo normal hubiera sido que Don Niceto indicara a Strauss el camino a los juzgados, sin embargo, el viejo zorro la utilizó políticamente para acabar con Lerroux.

Normalidad democrática republicana.

El escándalo del estraperlo se discute en el Parlamento

El Parlamento olió la carnaza.

El Gobierno sacó la nota de prensa a última hora de un viernes. Los lunes no había sesión. El martes, el Parlamento se petó de diputados exigiendo aclarar el asunto.

Tras acaloradísssimas discusiones, sus señorías acordaron nombrar la enésima comisión de investigación de la historia de la República.

En lo que iba de República, los monárquicos habían tenido que cargar con la etiqueta de cómplices de la corrupción de Alfonso XIII, ahora apretaban desde la oposición con un fervor casi conmovedor. De pronto, convertidos en inspectores de pureza administrativa, se relamían acusando al Gobierno de exactamente lo mismo: corrupción, chanchullo y el viejo arte de confundir lo público con lo propio.

Con el escándalo creciendo, los socios de la coalición gubernamental se vieron obligados a esclarecer el asunto para salvar su honor de toda suspicacia” (como se decía entonces), mientras la izquierda asistía divertida al espectáculo: los acusados ​​de siempre dando lecciones de moral como si el historial se borrara con el cambio de bancada.

La comisión comprobó la veracidad de los hechos. Emitió un dictamen en el que apareció un listado de pícaros que debían cesar en sus puestos por sus “modos de actuar en el desempeño de funciones públicas”.

En votación secreta, los diputados encontraron una bola blanca exculpatoria, o una negra condenatoria. El ex ministro del Interior resultó "inocente" por tres bolas.

Gil Robles intenta convencernos en sus memorias de que —como los cornudos— fue el último en enterarse. No sabía nada, y eso que reconoce las "frecuentes alusiones de don Niceto a la inmoralidad del partido radical, en todas las entrevistas que con él mantuve" .

Se excusa alegando que eran "genéricas" : el Presidente guardó "celosamente" su secreto "al menos en relación conmigo" para acabar con el Gobierno en el momento oportuno.

Vale.

Afirma que, lo contrario, hubiera significado un comportamiento "desleal" hacia su socio. Algo impensable en un hombre de "acrisolada probidad" como la suya.

Vale.

Gil-Robles asegura en "No fue posible la paz" que Don Niceto estaba conchabado con Chapaprieta. En "La paz fue posible" Chapaprieta asegura que se sintió dolido porque Alcalá Zamora no le comunicó la existencia de la denuncia cuando aceptó formar Gobierno.

Nadie sabía nada de nada.

Vale.

El único que reconoce que don Niceto sacó el tema en septiembre es Lerroux:

—Don Alejandro —me decía—, note usted que cualquier tarde de estas puede levantarse un diputado en el Congreso y formular una pregunta o plantear una interpelación sobre el caso.
—¿Y qué? —le replicaba yo—. A la pregunta se contestará como proceder.
—Es que desencadenará una tempestad parlamentaria.

Desde mi punto de vista, la responsabilidad última de seguir el juego a Alcalá-Zamora recae sobre Gil Robles. Por una sencilla razón: sus 115 diputados votaron a favor de la formación del gobierno de Chapaprieta.

Así de simple.

* * *

Escándalo del Estraperlo en la opinión pública

El Gobierno reaccionó como suelen reaccionar los gobiernos cuando quieren tapar sus vergüenzas:

  • Relativizar la cuantía.
  • Poner el ventilador, aireando los contactos de Strauss con la Generalitat.
  • Una campaña de desprestigio contra el alemán. La prensa amiga lo retrataba como “chantajista profesional” y “aventurero internacional”.

No sirvió de nada.

El pueblo español vio al estafador como una víctima: un guiri que vino al redil de la política española  a por lana, y había salido trasquilao.

¿Qué calificativo merecían los que habían estafado al estafador?

Nuestros abuelos lo tuvieron claro: dictaron sentencia cuatro meses después en las elecciones de febrero de 1936. Los radicales sufrieron un batacazo electoral. Lerroux perdió su refugio.

Alejandro Lerroux con su sobrino Aurelio en 1919, 16 años después enmierdó a su padre adoptivo en el turbio asunto del Straperlo.

Conclusión: un país atrapado en su bucle trágico-cómico

El Estraperlo no fue solo un escándalo. Fue un espejo deformante donde la II República vio su rostro: corrupto, débil, dividido y manipulado desde la jefatura del Estado.

Mes y medio después estallaría el caso Nombela, un nuevo espectáculo de cloacas que terminó de poner la puntilla al gobierno. Pero eso es carne de otro capítulo.

Comentarios

  1. Hola José Luis. Ya comenté otra de tus entradas referente al Caballero Audaz y allí ya mencionaba que había publicado una novela, cuyo hilo conductor era precisamente el escándalo del Straperlo (así es que me tuve que estudiar el tema). Como bien dices, Pich i Pon ocupaba cargos de suma importancia en Cataluña cuando estalló el escándalo pero, cuando se estaba gestando, era solo subsecretario de Marina y es difícil que los promotores del Straperlo se dirigiesen a él para impulsar su proyecto. En la novela (la ficción permite ciertas licencias, pero siempre intento que sean compatibles con la Historia real) sitúo como "captador" de las voluntades de Aurelio a Joaquín Gasa. El empresario organizaba todo tipo de eventos deportivos y teatrales y fue el promotor del combate de boxeo entre Uzcudun y Charles por el campeonato de Europa celebrado en Madrid en 1933. Uzcudun también fue encausado por el escándalo del Straperlo. En la novela, es Aurelio el que introduce a Pich i Pon en el "negocio". La relación entre ambos venía del mundo del cine. Los estudios Orphea, los primeros que hicieron sonoro en España, estaban instalados en el Palacio de la Metalurgia de Montjuic y era Pich i Pon el que gestionaba los locales, ya que había sido comisario de la Exposición Universal de Barcelona. Aurelio y Pich i Pon eran también consejeros de Orphea (podría decirse que socios). Por otro lado, el primer intento de instalar el Straperlo en Sitges vino precedido por la organización de un macro-evento pugilístico que se celebró en el Estadio de Montjuic y en el que Gasa también actuaba de patrocinador. Eran 30 combates durante todo un día y el plato fuerte era el enfrentamiento entre Schmeling y Uzcudun. Una gran inversión económica, con la que intentaban granjearse las simpatías del presidente Companys y obtener autorización para el Straperlo. Ese fue el motivo de la foto que aparece reproducida en el post. En fin, que el escándalo del Straperlo siempre me ha interesado mucho por lo que supuso en la política del momento, contribuyendo de forma indirecta a la tremenda polarización en las elecciones de 1936. Un saludo.

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    1. Hola, muchas gracias por tu aportación. Tienes que tener en cuenta que mis artículos son divulgativos sobre la historia política de la II república, me centro más en las circunstancias y conscuencias políticas que en un relato notarial de los hechos. Por otro lado debo resumir todo lo posible porque en formato web no es consejable pasar de 1200 caracteres.
      Por estos motivos he resumido mucho las andanzas de Strauss en Cataluña, en cualquier caso según las fuentes que utilicé Strauss conoce a Pich y Pon a través de Joaquín Gasa y es Pich y Pon el que le presenta a Aurelio Lerroux en Madrid.
      Ya veo que te has fijado en la foto. Es totalmente inédita en internet.
      Un cordial saludo.

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