La Guerra Civil en el Mar (3). La "conquista" de Mallorca.
La “conquista” de Mallorca: el capítulo tragicómico donde todo el mundo queda mal y nadie quiere firmar la autoría
En todas las guerras hay un capítulo tragicómico. Tragicómico, eso sí, a juicio del espectador del futuro: a los protagonistas les hizo la misma gracia que una muela partida con anestesia caducada. En La guerra civil en el mar ese capítulo se llama “La invasión de las Baleares” o “La conquista de Mallorca”, según el autor y el nivel de autoestima que conserve.
Una batalla olvidada
Es un tema sobre el que se ha escrito poco desde ambos bandos: síntoma inequívoco de vergüenza compartida. Incluso hoy, las versiones cambian según el autor que elijas creer. Los hechos básicos no se discuten tanto, pero el “por qué” y el “quién tiene la culpa” siguen envueltos en niebla espesa. Posiblemente porque el motor de la operación fue la Generalitat catalana, con Companys al frente, y hay un interés político obvio en mantener su figura impoluta, “olvidando” lo que no encaja bien en el álbum de héroes oficiales.
Para no ahogarnos en la controversia, aquí se sigue El eco de los pasos de Juan García Oliver cuando hay dudas, por una razón muy sencilla: estaba dentro del asunto. Es un libro escrito con 71 años, no como autobiografía (según él), sino como su versión “real” de sucesos malinterpretados o falsificados por rivales. Personalmente, tiendo a creerlo en general por dos motivos: no oculta asesinatos a sangre fría (cosa rara en memorias) y, cuando no necesita justificarse, se calla y no inventa (por ejemplo, sobre Paracuellos y su choque con Melchor Rodríguez: no dice ni una palabra y luego da por buena la versión de Melchor). No lo hace santo, pero sí útil para entender el barro.
La guerra civil en Cataluña
Resumen exprés del 1 de agosto: la sublevación en Barcelona, encabezada por el general Goded (y no secundada por el general Llano de la Encomienda), fracasó el 19 de julio. Ayudó el apoyo a la República de fuerzas del orden (incluida la Guardia Civil) y, sobre todo, el peso de las milicias anarquistas encabezadas por el trío García Oliver–Durruti–Ascaso. Ascaso cayó en la refriega. Resultado: al rendirse los sublevados el 20 de julio y quedar los arsenales en manos anarquistas, había unos 30.000 milicianos armados frente a unas 5.000 personas sumando todas las fuerzas de seguridad, según Hugh Thomas.
El 20 y 21 de julio, Durruti, García Oliver y Abad de Santillán (sustituyendo a Ascaso) visitaron a Companys. Companys, al comprender su inferioridad numérica, se puso “a su disposición” como gestor. Y así nació el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña (CCMA), que en teoría iba a ser el verdadero gobierno catalán. Al menos, eso creían los líderes anarquistas. La realidad, como siempre, firmó otra cosa.
Tardaron poquísimo en darse cuenta de que aquello era teatro. El 24 de julio —tres días después— Durruti abandonó el CCMA con una columna improvisada de unos 2.500 milicianos que fue creciendo hasta unos 6.000. Quería tomar Zaragoza contra el consejo del CCMA, incluido García Oliver. Lógicamente, se estrelló contra las defensas y acabó campando en Bujaraloz, convertido en mito por la prensa internacional… aunque no avanzara ni un metro más.
Ese aventurerismo, hoy difícil de digerir, nacía de una idea errónea: que un grupo de milicianos valientes iba a aplastar a “cuatro señoritos” sostenidos por un ejército cuyo grueso de soldados simpatizaba con la República y solo seguía la rebelión por miedo a sus mandos. “Basta apretar un poco y se deshacen como azúcar”. Spoiler: la guerra no es un terrón; es una piedra.
Una columna anfibia ataca Baleares
De ahí sale la idea de invadir Baleares. Menorca era la única isla fiel a la República. La ocurrencia fue de un “teórico” capitán de aviación: Bayo, con expediente cuanto menos dudoso. Había luchado como capitán de Tierra en África a las órdenes de Franco hasta 1927 y luego se reincorporó al Ejército del Aire con el mismo grado ya en la República. Bayo se lo propuso al teniente coronel Díaz Sandino, Conseller de Defensa de la Generalitat, ofreciéndose a mandar la expedición. Companys compró la idea y presionó a Giral (Presidente del Gobierno y ministro de Marina) para conseguir barcos. En Madrid no parecía buena idea, pero con el caos del momento optaron por la técnica favorita del Estado: mirar hacia otro lado.
Con permiso tácito, Bayo organizó la expedición y reclutó voluntarios con entusiasmo febril. Según el coronel Vicente Guarner, subsecretario de Defensa de la Generalitat y director de la Escuela de Estado Mayor:
"no parecía el más indicado por sus conocimientos de la profesión, su falta de espíritu organizador y sus condiciones personales de vanagloria y arrogancia, para ejecutar el difícil mando de una expedición efectuado con fuerzas milicianas defectuosas, sin medios de guerra suficientes, que implicaba una gran complicación y presentaba obstáculos, puede decirse que imposibles de vencer".
A partir de aquí se rompe la unanimidad. Hay desacuerdos incluso en fechas y número de hombres. Así que se hace resumen con criterio propio, indicando de dónde sale cada dato.
El 2 de agosto, Bayo zarpa hacia Menorca (según García Oliver) en el destructor "Almirante Miranda" y un mercante. Iban unos 800 hombres en el destructor; desembarcaron en Mahón el día 3 (1). Bayo volvió casi de inmediato a Barcelona para recoger más hombres y equipo. La hipótesis razonable: el mercante cargado quedó fondeado fuera para no reentrar a puerto, porque la maniobra se hacía a espaldas del CCMA. El 5 de agosto Bayo volvió a salir con el "Almirante Miranda" con otros 1.300 hombres, más el mercante, rumbo a Valencia, donde le esperaba otro aventurero: Uribarri, capitán de la Guardia Civil, con unos 300 hombres para participar en la “gesta” en nombre de la Generalitat Valenciana. Esa tropa iba en el destructor "Antequera", con apoyo del "Mar Cantábrico" (otros autores dicen que era el "Ciudad de Cádiz") (2). Y desde ahí partieron los cuatro barcos a Mahón, refugio excelente en manos republicanas.
Todo ese secretismo debía servir para pillar por sorpresa al CCMA y a los franquistas. Pues no. El 5 de agosto La Vanguardia publicó dos fotos del Almirante Miranda con el título “Preparando el desembarco en Mallorca”. El sigilo republicano, esa leyenda.
En Baleares ya conocían la expedición. El 2 de agosto salieron en hidroavión de Mallorca a Roma dos personalidades locales para pedir ayuda a Mussolini (3), porque el mensaje a Franco recibió esta joya: «A toda costa deberá defenderse Mallorca fusilando a quien desfallezca. Salud, Patria y existencia isla lo exigen» (4). Traducción: “aguantad como podáis, que yo tengo agenda”.
Un ejército "popular" heterogéneo
La fuerza que desembarcó en Menorca era un batiburrillo de manual: unas 3.000 personas, Bayo con una “guardia de corps” de 50 fieles (porque no se fiaba de su propia tropa), y una mezcla de voluntarios del PSUC, FAI, una centuria de extranjeros, Estat Català, CNT, Esquerra y Acció Catalana. Y como guinda, Uribarri con 300 guardias de asalto, guardias civiles y carabineros. También iba la prensa —por supuesto— y tres responsables políticos encabezados por Ángel Galarza, que desde el 3 de agosto se dedicaron a dar mítines por Menorca (5). A falta de doctrina militar, al menos había cobertura mediática.
Ante semejante cóctel, Bayo empezó por lo fácil: el 7 de agosto se plantaron con los destructores "Almirante Miranda" y "Antequera" ante Formentera, cuya guarnición (22 soldados, 9 guardias civiles, un caporal y algún carabinero) se rindió sin luchar (6). Luego fueron a por Ibiza, donde ya no se rendían porque había más tropas. El 8 de agosto, tras cañoneos (la población civil, como siempre, depende del historiador que elijas para “importar”), desembarcaron en un extremo; al enfrentarse fuerzas nacionales, Bayo reembarcó parte y desembarcó en Santa Eulalia, desprotegida, cogiendo a los nacionales entre dos fuegos y provocando rendición el 9, entrando en la capital con la tranquilidad del que confunde un golpe de suerte con método.
Y aquí empieza el circo: Uribarri planta bandera valenciana; Bayo, bandera catalana. Uribarri dice tener mando supremo por PSOE y Madrid; Bayo, por Companys y Barcelona. Se monta trifulca por quién manda, con Galarza y dos jefes socialistas de testigos. Gana Bayo (traducción: tenía más milicianos, que es una forma muy democrática de “tener razón”). Uribarri se vuelve con su tropa y da por cerrada su parte de la “reconquista balear”.
Para “descansar” de tanto esfuerzo, Bayo concentra hombres en Mahón y vuela a Barcelona, donde Companys lo recibe emocionado: la prensa a bordo ha convertido sus aventuras en material de héroe instantáneo. Vuelve corriendo porque el CCMA olía la jugada: podían radiotelegrafiar una orden para fusilar a Bayo en el acto. De entrada, el CCMA, a instancias de García Oliver, levantó acta por unanimidad: "la expedición había salido sin autorización ni conocimiento del CCMA y que éste se desentendía de la empresa hasta que sus responsables no reconocieran su autoridad ni se sometieran a sus resoluciones" (7).
Ese miedo al CCMA, según Bayo, aceleró planes. La idea original era instruir voluntarios de islas conquistadas y Menorca mientras los nacionales, concentrados en Mallorca, se debilitaban por aislamiento. Sonaba bien… si el mundo no existiera. Pero existía Mussolini, y olvidarte de Mussolini en 1936 es como olvidarte del fuego cuando estás jugando con gasolina.
El 16 de agosto se hace a la mar con unos 8.000 hombres y una flotilla impresionante: dos destructores Almirante Miranda y Almirante Antequera, varios cañoneros, transportes Ciudad de Barcelona, Ciudad de Cádiz, Ciudad de Mahón, Ciudad de Tarragona, Isla de Tenerife y Mar Negro, el buque de carga Mar Cantábrico y el buque hospital Marqués de Comillas, además de embarcaciones menores. Y bastantes hidroaviones en Mahón o llegados de Barcelona. Mucho aparato para una operación que, como veremos, venía con defecto de fábrica.
El día D: el desembarco de Portocristo
Primer error fatal: desembarcar en Portocristo, lejos de Palma, y pretender avanzar por tierra. En vez del plan obvio: asaltar directamente el puerto de Palma tras cañoneo masivo y desembarcar con lanchas, con 8.000 hombres contra una guarnición calculada en 600 (la guarnición total de la isla era 1.200 repartidos).
¿Por qué no lo hizo? Hay docenas de excusas, muchas de Bayo, como provocar un alzamiento interno: suenan a justificación posterior. Mi lectura: no marchó directo a Palma porque sabía que sus tropas se negarían a desembarcar bajo fuego directo. Tenía que colocarlas en un sitio donde no las recibieran a tiros, fijar a los nacionales en Palma con ataques de barcos e hidroaviones, tomar Manacor y repetir la maniobra de Ibiza: segundo desembarco por retaguardia. En papel suena astuto; en guerra, el papel no sangra.
Para entonces los nacionales no habían estado quietos: apresaron a elementos “simpatizantes” republicanos para evitar sublevación interna, reclutaron unos 2.000 voluntarios para reforzar guarnición y sumaron a los 300 guardias civiles y de asalto que quedaban en la isla. Además, esperaban refuerzos italianos: unos dicen por suscripción popular, otros por los millonarios de la isla, otros por intereses directos de Mussolini (que pedía tres millones de pesetas). La respuesta más lógica: un poco de todo.
El ejército republicano desembarca en Portocristo y Punta Amer, rodeado de montañas y con salidas por carreteras pequeñas. Aprovechan sorpresa y avanzan unos 12 km hacia Manacor, pero el terreno impone su ley y los frena la defensa nacional, que aplica una estrategia defensiva en profundidad (trincheras y parapetos que estudios recientes han sacado a la luz). El coordinador del proyecto, Manuel Aguilera, señala lo fortificada que estaba la defensa nacional. Cuando te sorprende que el enemigo se haya preparado… quizá el que venía en chanclas eras tú.
La cosa se pone fea
Frenado y desgastado, Bayo envía emisarios a Barcelona para pedir refuerzos al CCMA sin contarle a Companys lo dramático de la situación. Los emisarios aceptan autoridad del CCMA y este manda a Guarner y Duran Rossell para comprobar el panorama y decidir si continúan o reembarcan. Dos días después, y ante informes de que reembarcar bajo fuego era casi imposible, el CCMA decide enviar artillería pesada del 7,5 y de montaña, camiones, pertrechos, y además al acorazado "Jaime I" y al crucero "Libertad" para apoyar desde el mar.
Pero los nacionales también reciben refuerzos. Mussolini manda, en tradición medieval, a un condottiero fascista: Arcovaldo Bonaccorsi, autodenominado “Conde Rossi”, con una pandilla de unos 50 hombres (aviadores, mecánicos, etc.), todos “voluntarios”. Traen tres bombarderos Savoia Marchetti S-81 y tres cazas Fiat CR-32 (los “chirris”). Llegan el 26 de agosto en un barco italiano cargado de material (hay quien dice que fueron dos), sorteando el supuesto bloqueo republicano del puerto de Palma. Hay discrepancias: Martínez Bande afirma que llegó todo junto; prefiero la versión de Manuel Aznar, según la cual el “Conde” y su grupo de la Aviazione legionaria empezaron a llegar ya el 18, trayendo aviones en un par de viajes.
Con aviación y palabrería, Rossi se hace con el control de las tropas nacionales como delegado de Mussolini con el método “o mando yo o me voy con mis mercenarios”. Tras tensas reuniones y acusaciones de cobardía, el 30 de agosto los mandos franquistas tragan. Reorganiza tropas, da mimo especial a voluntarios falangistas (rebautizados como "Los Dragones de la Muerte", porque el fascismo sin marketing se deprime) y empieza a triturar a Bayo y sus refuerzos.
El método de Rossi fue simple y eficaz: aislar a Bayo y a sus hombres de sus barcos mediante superioridad aérea. Derriba hidroaviones republicanos, deja al desembarco sin defensa aérea y, con cielo limpio, bombardea al "Jaime I" y al "Libertad" el 2 de septiembre, obligándolos a huir. Cuando pierdes el aire y el mar al mismo tiempo, lo que te queda es rezar… y ni eso viene incluido en el presupuesto.
Una derrota que no gusta a nadie
A partir de ahí, todo se convierte en una huida generalizada, para sorpresa de los propios nacionales. Ataques aéreos en zonas difíciles de defender, riesgo de que los barcos se larguen, presión de unos 3.500 efectivos nacionales con artillería de todo tipo (incluidas piezas destinadas al desguace): moral por los suelos. Largo Caballero, estrenando cargo de Presidente, ordena retirada la noche del 4 al 5 de septiembre. Se hace con tal desorden que dejan material, artillería y abandonan grupos aislados en otras misiones sin avisarles. Un caso: un hospital de campaña. Se salva porque el reembarque fue tan inesperado para los nacionales que no lo obstaculizaron. Sí, la suerte también combate. A veces, incluso más que tú.
Bayo llega derrotado a Barcelona, se le hace Consejo de Guerra y sale absuelto: a nadie le interesa remover demasiado. Pero el fracaso le pesa siempre. Cuando lo destinan a ayudar a Modesto en Brunete, Modesto no quiere saber nada de él y lo manda a retaguardia, pese a que Bayo ya tenía carné del PCE. Termina la guerra como “agregado militar en el Ministerio de guerra”. Es decir: nada. Se exilia a México en el 39.
El resto es triste: columnas de 500 milicianos llegan a Ibiza el 9 y 10 de septiembre, fusilan presos y cometen desmanes. Empieza represión feroz en las islas. Militarmente dura poco: el 19 de septiembre tropas nacionales ocupan Ibiza y al día siguiente Formentera y Cabrera, con otra represión cruel, esta vez del otro bando, tanto en islas reconquistadas como en Mallorca. La guerra siempre encuentra cómo empeorar el saldo humano.
El “Conde Rossi” actúa casi un mes como virrey en Mallorca: renombra la Rambla de Palma como Vía Roma y la adorna con águilas romanas. Mussolini lo condecora como "Cavaliere dell'Ordine militare di Savoia" con una placa que decía: «Con magnifica audacia, indomabile valore e grande perizia, in soli sedici giorni strappava al nemico quattro volte superiore di numero, le isole di Mallorca, Ibiza e Formentera.». Isole Baleari 25 agosto-16 settembre 1936. A principios de 1937 se marcha con el CTV a Málaga y acaba con condecoraciones de tres países (España, Italia y Alemania). Muere de viejo en 1962, porque la ironía histórica también tiene mala leche.
Todo lo que se pretendía con la “conquista” de Baleares fue un fracaso. No solo quedaron las islas en manos nacionales: Mallorca, su puerto y su aeropuerto quedaron prácticamente en propiedad de Italia hasta el final de la guerra, usados a voluntad para bombardear puertos y ciudades como Barcelona o Valencia. Mantuvieron incluso un crucero atracado en el puerto para evitar “ideas tontas”. García Oliver lo resumió así:
"Era terrible el resultado de aquella operación. Atraer sobre aquellas islas y sobre aquella parte del Mediterráneo al ejército, la aviación y la flota italiana. Justamente lo que habíamos querido evitar acumulando toda la fuerza del Comité de Milicias sobre el frente de Aragón y dejando las Baleares, bastante lejanas, como estaban desde el comienzo de la lucha, con Menorca, primera isla en valor estratégico en poder de la República, dominada por los anarcosindicalistas secundados por la guarnición militar de la plaza de suboficiales para abajo.
La interferencia de Bayo en connivencia con España, Comorera y Companys, mas las autoridades militares y navales de Valencia, nos había creado un segundo frente y ponía a dos pasos de Barcelona a la aviación italiana".
Y Azaña, desde un punto de vista más práctico, lo dejó fino:
"Disparatada y nacida de la tartarinesca vanidad, petulancia y desvariante ambición de algunos políticos barceloneses. Para cualquier persona enterada, militarmente era una improvisación loca. Gente allegadiza, sin mandos ni disciplina, sin espíritu combativo, sin material bastante, sin sanidad ni hospitales se lanza a desembarcar a viva fuerza en una isla bien defendida sin que a nadie, en Barcelona, se le hubiera ocurrido informarse en el Ministerio de la Guerra acerca de los recursos y fuerzas que podía haber en Mallorca."
Y si alguien tiene tiempo y estómago, ahí va el contrapunto humano: el diario de una miliciana que quedó abandonada en la huida y fue fusilada por los nacionales. El lado triste y real que la Historia suele limar porque estropea los relatos limpios.
Hasta la próxima parte.
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