La Guerra Civil en el Mar (IV). ESTRATEGIAS DE AMBOS BANDOS

El acorazado Jaime I. Antiguo y lento, con los cañones mas potentes de la Flota Republicana

En los primeros capítulos hemos visto las primeras maniobras rápidas, improvisadas y casi febriles de los dos bandos. Ninguno estaba preparado para una guerra y hasta los simpatizantes de ambos lados, igual que la mayoría de españoles en su conjunto, soñaba con un final rápido de la contienda.

Los nacionales creían que lo conseguirían al cruzar a la península su ejército de África y, con él, conquistando rápidamente Madrid, puesto que la República, al disolver el Ejército regular, solo contaba con milicianos a los que los profesionales creían poder vencer fácilmente debido a su experiencia y entrenamiento táctico.

Los republicanos, por su parte, pensaban que manteniendo bloqueado el estrecho con su Flota, imposibilitarían el avance de las columnas de Franco, a pesar del puente aéreo con Sevilla, lo les daría tiempo para acabar con Mola (Asturias, Zaragoza, Huesca y Teruel estaban virtualmente sitiadas).

Primeros legionarios en cruzar a la península procedentes de Marruecos.

El Tablero internacional.


Pero las cosas habían cambiado en apenas un mes. La decidida y rápida intervención de Alemania e Italia a favor de los nacionales, aunque pequeña, no se había visto compensada por las primeras compras de armamento en Francia o el regalo de un buque cargado con armamento procedente de México, de modo que ya había quedado planteada una guerra convencional de más o menos duración. En este tipo de escenarios la misión de las flotas está clara. Facilitar la llegada de suministros a terreno propio y obstaculizar o impedir que el enemigo haga lo mismo.

La decisión de Leon Blum de crear el Tratado de "no intervención", al percatarse ya a principios de Agosto del 36 del envío de aviones modernos italianos (los alemanes llegaron un poco después), y su firma el 28 de Agosto por la mayoría de países (incluídos la URSS, Alemania e Italia, que no pensaban cumplirlo) fue un rejón de muerte para las esperanzas republicanas. No es momento aquí de entrar a valorar el tratado y sus implicaciones (lo haré mas a fondo después), pero está claro que esa firma tenía que cambiar por completo las estrategias navales de los dos bandos, sobre todo cuando la República llegó a un acuerdo con la URSS para comprar allí, o por su intermediación, todo su material bélico.

La Flota republicana.


La Flota republicana partía con una ventaja muy clara en cuanto a número de efectivos, pero esa ventaja quedaba mas que compensada por las siguientes desventajas.

1.- Su falta de oficiales competentes. Los marineros y suboficiales eran suficientemente capaces y valientes como para llevar a cabo las maniobras normales de un buque de guerra, pero el combate naval exigía un nivel de conocimientos técnicos y tácticos por encima de sus capacidades. De ahí la sorprendente aventura del destructor "Alcalá Galiano" frente al cañonero "Dato", muy inferior en artillería, en el paso del Estrecho que ya hemos visto. O las maniobras de evasión ante cualquier ataque aéreo por desconocimiento de las tácticas en los combates antiaéreos. Incluso en una fecha ya tan avanzada como septiembre de 1938, la Armada republicana sólo contaba con 56 jefes y oficiales de alto rango cuando la plantilla antes de la guerra superaba los 600, aunque habría que añadir los comisarios políticos con rango de "Jefe" pero inútiles en el combate.

2.- La conducción "democrática" de los navíos, donde las decisiones se tomaban dentro del Comité del buque (a veces incluso había dos, marinería y suboficiales) conllevaban un tremendo retraso en cualquier orden o maniobra. Los nuevos oficiales incorporados muy por encima de su rango natural no se veían con fuerzas para imponerse a las tripulaciones y acataban normalmente las imposiciones de éstas.

Estos dos temas se fueron subsanando con el paso del tiempo acabando por convertir a la Flota republicana en una flota competente, pero para entonces ya era demasiado tarde. La frase que se impuso al principio fue «más valen hombres sin barcos que barcos sin hombres» (1). Los mismos republicanos comprendieron pronto su error. Cuando llegó a Cartagena en septiembre del 1936 como asesor naval el capitán ruso Nicolai Kuznetsov, enseguida se percató del daño causado por las purgas de oficiales dudosos. La delegación oficial de la Flota que le recibió, manifestó con orgullo su espíritu revolucionario elogiando a los marineros por haber eliminado a la mayoría de sus oficiales, siguiendo así el ejemplo de sus camaradas rusos en 1917.

Kuznetsov acabó siendo Almirante. Sevastopol tiene dedicado un monumento a su memoria.

Kuznetsov, que no estaba para tonterías patriótica, dejó helados a sus anfitriones respondiendo  «es cierto que en agosto de 1936 habéis cometido la misma estupidez que nosotros en marzo de 1917: os deshicisteis de ellos en lugar de utilizarlos, y como nosotros, pronto lo lamentareis» (2).

3.- La falta de bases útiles para grandes buques, bien protegidas tanto por artillería costera como antiaérea. Solo les quedó Cartagena, mientras Ferrol, Cadiz y Palma (puerto no tan grande como los anteriores pero bastante aprovechable para controlar el tráfico en el Mediteráneo) quedaron en manos nacionales). Los intentos de hacer Mahón y Málaga bases auxiliares no tuvieron mucho éxito.

4.- La falta de recambios y material tanto para barcos nuevos como para los ya existentes. Todo tenía que venir de Rusia, que por entonces no era precisamente una potencia marítima. Esto obligaba a grandes periodos de estancia en Cartagena y a reparaciones de mala calidad que fueron mermando el potencial original de la Flora republicana con el tiempo. Solo fueron compradas 6 lanchas torpederas rusas, aunque de la moderna clase G-5.(3)

Todas las consideraciones anteriores llevaron a que la Armada republicana adoptara enseguida una actitud defensiva, limitándose básicamente a la escolta de los convoyes con armamento procedentes de la URSS. El motivo ha sido muy discutido. Hasta hace muy poco se creía que obedecía a órdenes expresas de los rusos que temían perder sus preciosos barcos de abastecimiento. Pero los nuevos descubrimientos de archivos en Rusia durante el breve periodo de apertura a los historiadores, ha demostrado que no fue así, que dicha actitud fue tomada por los responsables españoles. También es una incognita porqué teniendo una buena cantidad de submarinos (excelentes para bloqueos de puertos por su capacidad de ataque) se utilizaran tan poco y tan mal, a pesar de recibir la mayoría capitanes rusos para su control y estrategia. Una parte de sus problemas venía de la carencia de torpedos eficientes y otra parte en que simplemente tenían muchos problemas técnicos o de dirección. Pero esto también lo veremos mas adelante.

La Flota Nacional.


La Flota nacional partía con una desventaja muy clara en cuanto a número de barcos, pero contaba con una serie de ventajas para compensarlo.

1.- Una gran superioridad en su oficialidad. Las dotaciones pronto fueron depuradas y ocupadas por hombres de toda confianza procedentes del personal que normalmente estaba en tierra. Aunque eran de variada procedencia, enseguida se consiguió que funcionaran como tripulaciones bien entrenadas. El problema era la escasez de suboficiales y de cabos de marinería (en gran parte debida a la represión, pues eran cuerpos generalmente opuestos a la rebelión). Para solucionarlo se creó el cuerpo de cabos provisionales, formados en una Escuela de marinería y artillería creada ex-profeso, parte en Marin y parte en los buques-escuela Galatea y El Cano que quedaron en manos nacionales.

2.- Su mayor capacidad constructiva. Acabaron enseguida los dos cruceros pesados (desde el punto de vista español, medios desde el punto de vista de otras flotas) Canarias y Baleares; remozaron el viejo acorazado España; fabricaron dos cañoneros-minadores y armaron 17 pesqueros de altura civiles (bous).

Votadura del crucero Canarias en 1931 [todavía sin artillar] en la Ría de Ferrol. La madrina fue la mujer de Santiago Casares Quiroga, recién nombrado Ministro de marina.

3.- La mayor disposición de Alemania e Italia a vender material a buenos precios y a plazos que Rusia. Esto, que ocurrió en general durante toda la guerra, permitió a los nacionales cubrir su falta de submarinos mediante el préstamo inicial de 4 submarinos italianos, con un español a bordo para decir que eran españoles. Luego, emprender  la compra de dos de ellos. Y, por último, con el reclutamiento de cuatro submarinos "legionarios", o sea, "voluntarios".
Para suplir la falta de destructores se tomaron prestadas cinco lanchas torpederas alemanas, de dudosa utilidad, y se compraron cuatro antiguallas a Italia que tampoco fueron de mucho uso.

4.- La escolta del material, tanto italiano como alemán, lo realizaban las Armadas de esos países, cosa que no pasaba con Rusia pues no disponía de flota propia en el Mediterráneo. Esto liberaba a la Armada nacional de tener que escoltar a sus propios convoyes y garantizaba su llegada sin interferencias.

Todos estos detalles hicieron que, casi desde el principio, la actitud de la Armada nacional fuera muy agresiva. E incluso pudo serlo mas aun si las intenciones del número dos de la Flota, Almirante Francisco Moreno Fernández, se hubieran impuesto al criterio de su jefe, Juan Cervera Valderrama, mas conservador en lo referente a la utilización de los buques en operaciones arriesgadas. Hasta que Franco le dió a Cervera el mando de la flota, la actitud de Moreno y sus razzias por el Cantábrico pasaron a ser los hechos mas relevantes de la lucha en el mar Cantábrico con que continuaremos en el próximo capítulo.

Notas

(1) Ricardo Cerezo. "La Armada Española en el Siglo XX".
(2) Fernando y Salvador Moreno de Alborán. "La guerra silenciosa y silenciada".
(3) O´Donnell Torroba. "Historias de la mar. Las lanchas torpederas rusas en el hundimiento del Baleares".

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