Consecuencias del golpe de Sanjurjo: censura y poder

El general Sanjurjo y sus cómplices en el banquillo
"El general Sanjurjo y sus cómplices en el banquillo. Los acusados de la intentona monárquica ante sus juzgadores". (Ahora, 25/08/1932, portada)

La victoria útil: propaganda y purgas

La Sanjurjada fracasó, sí. Pero fue un fracaso rentable. El Gobierno de Azaña aprovechó la intentona como una victoria moral, una justificación para el rodillo parlamentario.

El discurso fue claro: la República estaba en peligro y quien no se alineara con ella, era sospechoso por defecto.

  • Se cerraron 134 periódicos que no comulgaban con el relato oficial.
  • Se procesó y depuró a decenas de militares, aunque no estuvieran involucrados con el golpe.
  • Se reforzó el control sobre los medios, la educación y los sectores conservadores.

Todo en nombre de la Ley de Defensa de la República. Pero la frontera entre defensa y vendetta se diluyó con sospechosa facilidad.

El Ministro del Interior (Santiago Casares Quiroga) se amparó en la ley para cerrar la prensa opositora. Su justificación: evitar noticias “tendenciosas” que desviaran a la opinión pública de los cauces de la "verdadera fe republicana".

"Se autoriza al Gobierno a separar definitivamente del servicio a los funcionarios civiles o militares que realicen o hayan realizado actos de hostilidad o menosprecio contra la República. (La Voz, 11/08/1932)

Sanjurjo: el mártir que no fue

Juzgado por el Tribunal Supremo, condenado a cadena perpetua.

 ¿Por qué no lo fusilaron? Porque convertir a Sanjurjo en mártir era más peligroso que dejarlo respirar.

Sanjurjo en el patio de la cárcel de Dueso.

Desde la cárcel, siguió siendo un símbolo. No lo torturaron, ni lo abandonaron. Pero tampoco lo reivindicaron. Lo neutralizaron con guante blanco.

La represión selectiva: ¿limpieza o ajuste de cuentas?

El aparato represivo del Estado republicano trabajó como nunca. Intelectuales, curas, profesores, periodistas... cualquiera que no rezara el credo republicano correcto fue señalado.

El periodista Antonio Agraz es encarcelado por cantar una copla satírica contra el Ministro de Trabajo, Largo Caballero. (El Imparcial, 20/10/1932)

La Ley de Defensa de la República sirvió como arma jurídica para depurar a media España con aroma de legalidad.

El Parlamento da carta blanca al Gobierno

El 10 de agosto, mientras Sevilla seguía bajo control de Sanjurjo, Azaña da un discurso en el Congreso pidiendo respaldo. Lo consigue, y con nota. Hasta Gil Robles vota a favor.

“Hubiera deseado que el suceso no se produjera, pero producido, ni el Gobierno ni las Cortes podrían continuar siendo benignos.”

El Congreso aprueba todo lo que Azaña pide. Y lo que no pide, también. El pretexto estaba servido.


Ley de acusaciones: barra libre contra los tibios

Azaña presenta una ley de urgencia para echar del Estado a cualquier funcionario que hiciera “acto de hostilidad o menosprecio contra la República”.

¿Acto de menosprecio? ¿Un chiste, una ceja levantada, una cena con el cuñado?

Esta “ley de acusaciones” se aprobó sin pestañear. Se pasó por alto el artículo 41 de la Constitución que garantizaba la inamovilidad de los funcionarios. El resultado fue una purga en masa en diplomacia, justicia, docencia... Todos sustituidos por afines. Pura profilaxis ideológica.


Censura total: la República sin espejo

Mientras Sevilla ardía y Sanjurjo aún no estaba detenido, el Gobierno cierra de golpe toda la prensa opositora. Más de 130 cabeceras. Sí, leíste bien: toda la prensa crítica con el Gobierno fue silenciada en cuestión de horas.

“Evitar la publicación de noticias tendenciosas que pudieran desviar a la opinión pública de los cauces de la verdadera fe republicana.”

—Santiago Casares Quiroga, Ministro de Interior. 

Se instauró la censura previa en agencias y se creó un negociado especial para decidir qué periódico debía cerrar cada día.
Lo dirigía Francisco Madrid. Bonito apellido para encargarse de la mordaza.

Armas encontradas en Sevilla tras el golpe de Sanjurjo
Armas incautadas en el centro de operaciones de Sanjurjo en Sevilla. La prensa del Gobierno previene del peligro a su temerosa audiencia: "entre ellas figura un bastón, que es una escopeta perfectamente disimulada." (Ahora, 14/08/1932)

Ensayo gratuito de Reforma Agraria

El 17 de agosto Azaña propone una ley que autoriza la incautación de tierras sin indemnización a todo aquel vinculado directa o indirectamente al golpe.

Bastaba una “prueba indiciaria”. Como en la Inquisición, pero con máquina de escribir.

Era la antesala de la expropiación a la nobleza. Reforma Agraria exprés, gratis y sin pasar por caja. Violaba la Constitución y el Código Penal, pero eso fue lo de menos. 

Después, una breve luna de miel.

La prensa del corro alude "noticias comentadas" que "pueden relacionarse" para involucrar al ex-rey.

La paradoja de la fortaleza republicana

Al amparo de la "Ley de Acusaciones" se inició una depuración en toda regla de funcionarios conservadores, en sectores como la diplomacia, el profesorado y la justicia. Todos sustituidos por gente "de la cuerda".

El Gobierno se sintió fuerte. Pero no lo era. Lo que había era miedo, silencio y una falsa sensación de unidad.

El cierre de periódicos conservadores benefició a la prensa adicta: el periódico Ahora del 14 de Agosto, se disculpa ante sus lectores habituales "perjudicados por este incremento súbito de nuestra tirada" y promete trabajar "dia y noche" en el montaje de unas nuevas rotativas.

La Reforma Agraria y el Estatut no se aprobaron por consenso, sino por pánico a quedar fuera del vagón republicano.

El golpe fracasó, pero el mensaje caló: el poder era frágil, pero estaba dispuesto a todo.


Epílogo: Lo que no se cuenta

Los oxpertos en historia aseguran que la Sanjurjada, ese intento gopista de las cábilas monarcas, despertó una reacción popular de fervoroso a poyo a la República.

Pero su consecuencia real fue una República más cerrada, más autoritaria, más obsesionada con defenderse que con gobernar.

Se encarceló a militares sospechosos de haber participado en el intentona, al tiempo que se aumentaba la Guardia de Asalto en 2.500 efectivos. Hubo que asignar un crédito de urgencia de 7,8 millones de pesetas.

El legado no fue una victoria sobre el golpismo, sino una institucionalización del miedo. La verdadera derrota llegó disfrazada de victoria.


¿Te interesa seguir leyendo? El siguiente artículo: “El fusilamiento que no fue: Sanjurjo y el teatro del indulto” te cuenta la escenificación política que evitó una ejecución... sin evitar la humillación.

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