Portela Valladares, el hombre de paja de Alcalá-Zamora

Portela Valladares elegida presidenta del Gobierno de la República
Alcalá Zamora eligió un político con fama de “electorero” para dirigir las terceras elecciones generales de la II república.

"Este hombre,[...], ha salido de la oscuridad por capricho de Alcalá-Zamora, para ganar las elecciones desde Gobernación y fabricarle un partido al Presidente."

(Diarios de Azaña. 19/02/1936)

En esta tragicomedia llamada Segunda República, 1935 fue el año en que el sistema parlamentario se convirtió en un bingo de caudillos frustrados, partidos zombies y presidentes jugando a ser demiurgos.

Pero si alguien merece un premio a la nulidad premiada, ese es Manuel Portela Valladares.

Final de fiesta para el gobierno Chapaprieta

Dos escándalos de corrupción (el escándalo del Estraperlo y el caso Nombela ) se convirtieron al Gobierno en un colador. Lerroux, el viejo zorro líder de los Radicales, cayó. Su reemplazo, el tecnócrata Joaquín Chapaprieta, intentó meterle bisturí al presupuesto con recortes y aumentos de impuestos.

Resultado: los ministros de perfil más político no quisieron comerse el turrón de unos presupuestos impopulares. Preferían ir más despacio con los planos de saneamiento financiero y proponían prorrogar los actuales. 

El Parlamento era un desierto de escaños vacíos, los presupuestos sin aprobar y la “Ley de restricciones” se oxidaba por falta de acuerdos. El 7 de diciembre de 1935, el dictamen de la comisión por el caso Nombela fue la estocada final. Chapaprieta tiró la toalla.

Instantánea de Chapaprieta presentando su nota de dimisión a la prensa
Los periodistas arrebatan de las manos de Chapaprieta la nota de prensa explicando el motivo de su dimisión. (Ahora, 10/12/1935)

Alcalá-Zamora, el titiritero institucional

En lugar de encargar el Gobierno al partido mayoritario (la CEDA de Gil Robles, con 115 escaños), el Presidente de la República decidió jugar al escondite institucional. Lo había hecho antes. Ya se había cargado a Azaña en 1933 y no parecía que hubiera aprendido otra forma de ejercer la presidencia, que no fuera como cacique con toga.

Las consultas palaciegas para formar un nuevo Gobierno eran ya rutina de sainete. Gil Robles, el eterno novio desechado del poder, vio otra vez cómo Don Niceto le daba con la puerta en las narices.


El desfile de los inútiles: Maura, Chapaprieta (sí, otra vez), y finalmente Portela

Alcalá-Zamora ofrece primero el Gobierno a José Martínez de Velasco (Agrario), que con solo 25 años, no lo ve claro y se quita de en medio.

Luego el honor recae en Miguel Maura. Antiguo compañero de fatigas de Alcalá Zamora en la Derecha Liberal Republicana. Juntos habían catalizado el derrumbamiento de la monarquía al atraer el voto conservador al republicanismo.

Para las izquierdas, Maura era un pijo de derechas con veleidades republicanas. Las derechas lo veían como un tránsfuga al que responsabilizaban de la quema de iglesias de Mayo de 1931, cuando ocupaba la Cartera de Interior en el primer Gobierno Provisional de la República. Lógicamente, tampoco logró formar gobierno

En su enésima jugada de trilerismo político, el Presidente se lo vuelve a ofrecer a Chapaprieta. El mismo que había dimitido cinco días antes por falta de apoyos.

¿Alguien lo entiende? Cosas de don Niceto.

Cuando ya no quedaban cartas ni voluntad, se sacó de la chistera el comodín menos esperado: Manuel Portela Valladares.

Portela Valladares no representaba absolutamente a nadie. Por no tener, no tenía ni escaño.

Sin embargo, no tendría la misión imposible de gobernar sin apoyos parlamentarios. Alcalá Zamora le metió firmado en el bolsillo el decreto de disolución de las Cortes. Podría convocar elecciones si no conseguía formar gobierno.

A lo mejor te preguntas, ¿quién es este tipo?

Manuel Portela Valladares
Manuel Portela Valladares.

Portela Valladares: currículum de superviviente

La carrera política del gallego Manuel Portela Valladares no tiene desperdicio.

Empezó a principios de siglo militando en las filas de Eugenio Montero Ríos, posteriormente con su yerno (heredero de las "huestes monteristas") Manuel García Prieto. Con ellos se hizo experto "electorero" en la época dorada del voto caciquil.

Con Alfonso XIII, Portela Valladares fue Diputado, Fiscal General, Gobernador civil de Barcelona, ​​incluso llegó a Ministro de Fomento.

Portela Valladares abrazó a Miguel Primo de Rivera
Aquí vemos a Portela Valladares abrazado a Miguel Primo de Rivera cuando era Gobernador civil de Barcelona.

Cuando fue nombrado gobernador civil de Barcelona, ​​​​aparcó temporalmente la masonería para ingresar en la aristocracia catalana matrimonio mediante con Clotilde Puig de Abaria, rica heredera y IX condesa de Brias.

Con la llegada de la dictadura de Miguel Primo de Rivera es fulminantemente cesado como Ministro. Suceso que le transformó en republicano de toda la vida.

Obtuvo acta de diputado en las elecciones a Cortes Constituyentes. Pero quedó fuera de la coalición republicano-socialista porque no cabía tanto talento. Esta desgraciada circunstancia obligó a Portela a vagar como alma en pena por el Parlamento del primer bienio.

En 1934 estaba políticamente muerto: tenía 68 años y no había conseguido revalidar escaño en las elecciones de 1933. Sin embargo, su suerte dio un giro inesperado cuando coincidió con Lerroux tomando las aguas en el balneario de Mondariz.

Verás.

Portela era buen conocedor de los entresijos de la política catalana. Lerroux decide resucitarlo para dirigir la Generalitat tras la destitución de Companys. El líder indepe estaba en chirona tras dirigir el golpe de Estado secesionista de 1934.

Portela Valladares tomando posesión de su cargo de Gobernador General de Cataluña
Aquí lo vemos en el despacho de Presidencia de la Generalidad, tomando posesión de su nuevo cargo de manos del General Batet. (Mundo Gráfico, 16/01/1935)

Unos meses después, Portela Valladares es llamado a Madrid para ser nombrado ministro de Gobernación (hoy diríamos de Interior), coincidiendo con la crisis de Gobierno por el indulto del sindicalista González Peña

Lerroux se queja en sus memorias que nunca acertó eligiendo colaboradores: “me lo agradeció tanto, tanto que no podía oírselo decir sin ruborizarme”.

De vuelta como Ministro en Madrid, el Presidente de la República le ofrece ser cabecilla de su nuevo proyecto político de centro. Portela Valladares no duda en hacerle la cama a quien le había nombrado Ministro (“a paso de lobo”,  escribió Lerroux) para echarse en brazos de Alcalá Zamora.

Pues ahí donde le veis, Alcalá Zamora eligió a este pollo como la cabeza visible de su nuevo proyecto político «de centro». ¿Motivo?. Don Niceto necesitaba dar continuidad a su carrera política cuando llegara el fin de su mandato presidencial (quedaba año y medio).


Gobierno por decreto y el “cóctel” del hundimiento

Portela formó un Gobierno sin apoyos ni votos (pero con decreto de disolución de las Cortes en el bolsillo). Objetivo: controlar el aparato electoral desde Gobernación y montar el chiringuito centrista ordenado por Alcalá-Zamora. Lo de siempre: usar el Ministerio del Interior como agencia de colocación de caciques.

La CEDA (115 escaños) y el partido Radical (90 escaños) quedaron fuera.

En 15 días ya había crisis. El 27 de diciembre, Gil Robles rompió la baraja con una nota de prensa que era pura dinamita:

“No hay que pensar siquiera en que la CEDA admite en las candidaturas nombres de partidos que, tras romper el bloque, pretenden crear un grupo artificial al amparo del Poder”.

El que se sumara al nuevo Gobierno, se olvidaba de presentarse en coalición con la CEDA

Portela Valladares brindando con los periodistas tras la convocatoria de elecciones
Portela Valladares brindando con los periodistas. La prensa fue invitada a un “cóctel” tras el anuncio de disolución de las Cortes. (Ahora, 01/08/36)

Un Gobierno zombi

La nota de Gil Robles fue como un repelente político: dimisiones en cascada de los Ministros que se habían hecho la ilusión de jugar a dos barajas. La Ley Electoral primaba tan absurdamente las coaliciones, que nadie osaba presentarse en solitario.

Las nuevas deserciones provocaron la séptima y última crisis política en lo que iba de año.

Esta vez no hubo consultas ni h0stias. El Presidente de la República ratificó directamente a Portela Valladares. El día de Nochevieja formó un Gobierno zombi: 6 ministros no tenían caño y los 3 restantes estaban desautorizados por sus partidos.

El nuevo Gobierno estaba muerto antes de nacer: caería en la primera votación parlamentaria. Para evitarlo, su majestad Alcalá-Zamora prorrogó la suspensión de las Cortes durante todo el mes de enero.

La situación parecía controlada, sin embargo, apareció un imprevisto: tocaba prorrogar los presupuestos. El artículo 155 de la Constitución lo decía bien claro: 

“Nadie estará obligado a pagar contribución que no esté votada por las Cortes o por las Corporaciones legalmente autorizadas para imponerla”.

Sin apoyos y con el Parlamento suspendido, a Portela Valladares no le quedó otro remedio que prorrogarlos por decreto. Era la primera vez en la historia que se aprobaban unos presupuestos por la cara.

Normalidad democrática 2.0

La cafrada dio lugar a una moción de censura al Gobierno. Gil Robles votó en contra de Portela... pero se negó a apoyar una censura al Presidente. Otro acto de cobardía táctica que le costaría caro.


El colofón: elecciones a medida, y fracaso a lo grande

Portela se vio forzado a fichar caciques y preparar el pucherazo a la desesperada. Pero el invento no funcionó. El centro político estaba muerto. El pueblo quería frentes: rojos o azules, pero no tibios.

En febrero de 1936, Portela abandonó el Gobierno en pleno recuento electoral. Y dos meses después, Alcalá-Zamora fue expulsado de la presidencia y fue sustituído por Manuel Azaña con los votos del Frente Popular.

Fin de la función.


Epílogo: una República sin centro

El tinglado de Alcalá-Zamora no cayó por accidente, cayó por fatiga moral.

Aunque reconvertido en Presidente de la II República, toda su carrera había transcurrido al servicio del viejo régimen. Una trayectoria barnizada en los despachos de Alfonso XIII y pulida con los vicios parlamentarios de la Restauración.

Vaya, que desde mi punto de vista, arrastraba los resabios de la monarquía como quien no sabe caminar sin bastón. Creyó que bastaba con cambiar el rótulo para salvar el edificio, pero su política era pura inercia: un borboneo sin Borbón, un remedio de poder que ya no engañaba a nadie.

En los nuevos tiempos, su proyecto de centro no era un punto de encuentro, sino un callejón sin salida.

Portela Valladares, ese maestro del bandazo, acabó brindando con periodistas mientras el país se preparaba para elegir entre los extremos a mitad de la legislatura.

Lo cuento en el capítulo dedicado a las elecciones de febrero de 1936 .

Comentarios

Lo más leido

Largo Caballero y el golpe de Estado de 1934.

Buscando a el "Caballero Audaz": el azote de la Segunda República.

Gil-Robles, la CEDA y el teatro político de la Segunda República

El asesinato del Teniente Castillo: el crimen que anunció la guerra