Portela Valladares: el último gobierno de 1935

Portela Valladares elegido presidente del Gobierno de la República
Alcalá Zamora eligió un político con fama de "electorero" para dirigir las terceras elecciones generales de la segunda república.


"Este hombre,[...], ha salido de la oscuridad por capricho de Alcalá-Zamora, para ganar las elecciones desde Gobernación y fabricarle un partido al Presidente." (Diarios de Azaña. 19/02/1936)

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Portela Valladares: último Gobierno de 1935.

Tras el escándalo del Estraperlo, el partido Radical entró en descomposición.

¿La consecuencia?

 Que la coalición de partidos que había gobernado los dos últimos años entró en crisis.

Exceptuando la ley de amnistía, el Gobierno no había sacado adelante ninguna de sus promesas electorales. Quedaba muy lejos la ilusión que habían generado las elecciones de noviembre de 1933.

El ausentismo parlamentario campaba a sus anchas, la "Ley de restricciones" (el proyecto estrella del Gobierno de Chapaprieta) se estancaba en el Parlamento, a menudo, faltaba el quórum necesario para sacar adelante las votaciones parlamentarias.

La «ley de restricciones» pretendía estabilizar el déficit público que se había desbocado.

Te explico la situación:

Existía acuerdo en un plan de recortes presupuestarios, sin embargo, no se ponían de acuerdo a quien cargar el mochuelo.

En román paladino: a qué parte del electorado habría que aumentar la carga fiscal para compensar los gastos. 

Ante la falta de avances, Chapaprieta (Presidente del Gobierno y Ministro de Hacienda) presentó la dimisión el 9 de diciembre.

Instantánea de Chapaprieta presentando su nota de dimisión a la prensa
Los periodistas arrebatan de las manos de Chapaprieta la nota de prensa explicando el motivo de su dimisión. (Ahora, 10/12/1935)

Penúltima crisis política de 1935.

No sé que pensarás tú, pero tratándose de un problema de apoyos parlamentarios, lo lógico hubiera sido encomendar la solución a la C.E.D.A.

Si pretendían rebajar la carga fiscal a los ricos, que fueran ellos los que apechugaran las consecuencias.

Con sus 115 escaños era el partido con más fuerza parlamentaria, mientras que Chapaprieta era un independiente que solo tenía uno: el suyo. 

Sin embargo —al igual que ocurriera en las crisis anteriores—, el Presidente de la República se negó a dar el Poder a Gil-Robles. 

Resultado: una nueva crisis de Gobierno. 

Por sexta vez en lo que iba de año, los prohombres de la política española fueron llamados a consultas al palacio presidencial (antes real), para ver quién recibía la “confianza presidencial” para formar un nuevo Gobierno.

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En la II República, la capacidad de repartir el Poder residía en el Jefe del Estado.

En un sistema unicameral como el republicano, el Presidente de la República (supuestamente no vinculado a ningún partido), tenía el encargo constitucional de hacer de contrapeso al poder parlamentario.

En definitiva: la Constitución republicana daba a Alcalá Zamora la potestad de nombrar y separar al Jefe del Gobierno.

El problema era que don Niceto siempre lo ejerció en plan cacique (ya he contado cómo se cargó a Azaña en el 1933).

En vez de emplear la prerrogativa con ánimo moderador, trataba de imponer a sus afines. Actuaba a espaldas de las mayorías parlamentarias y creaba división entre los partidos, intentando controlarlos, como si fuera él el que estaba en el banco azul.

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Como ya ocurriera en la crisis de Mayo, el Presidente concedió el honor de gobernar a otro don nadie de la coalición: el partido Agrario de José Martínez de Velasco que solo tenía 25 escaños.

Una vez más, y a pesar del desaire, Gil Robles entró al trapo apoyando la propuesta. El problema parecía resuelto.

Sin embargo, Martínez de Velasco declinó el cargo alegando un motivo relacionado con el reglamento del Parlamento que nadie entendió en su época y los historiadores siguen sin entender hoy día.

En mi opinión, fue la fórmula más "elegante" que encontró de quitarse de en medio.

El caso es que España llevaba 4 días sin Gobierno cuando Alcalá Zamora dio un nuevo giro a la situación: mandó formar Gobierno a Miguel Maura.

En la ampulosa nota que dio a la prensa insinuó “la probable dificultad definitiva y la evidente imposibilidad actual” de sacar adelante una labor parlamentaria fructífera.

Toma ya.

El nombramiento de Maura era de por sí un bombazo político, pero lo que realmente causó sensación en las derechas fue otra cosa:

El Presidente estaba amenazando con disolver las Cortes a mitad de legislatura, sin haber dado la oportunidad de gobernar al partido con mayor representación parlamentaria. 

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¿Quién era Miguel Maura?

Había sido compañero de fatigas de Alcalá Zamora en la Derecha Liberal Republicana.

Juntos habían catalizado el derrumbamiento de la monarquía al atraer el voto conservador al republicanismo.

Ambos formaron parte del comité revolucionario que formó el primer Gobierno provisional tras las elecciones municipales de 1931 (Don Niceto como Presidente, Maura como Ministro de Interior); juntos dimitieron poco después, por no estar de acuerdo con el artículo 26 de la Constitución.

A ambos les pareció fatal que Azaña dijera que España había dejado de ser católica.

Primer Gobierno Provisional de la segunda república
Gobierno Provisional (de izquierda a derecha): Azaña, Albornoz, Alcalá Zamora, Maura, Largo Caballero, F. de los Ríos y Lerroux. (Abril 1931)

Posteriormente sus carreras políticas se separaron:

Alcalá Zamora juró la Constitución que tanto repelía su alma cristiana para ser nombrado Presidente de la República.

Y Maura se dedicó a formar el Partido Republicano Conservador, con el que sacó un discreto resultado de 17 escaños en las elecciones de 1933.

Para las izquierdas, Maura era un pijo de derechas con veleidades republicanas (hijo de Antonio Maura, el que fuera líder conservador de la monarquía. Su hermano militaba con los monárquicos de Renovación Española).

Para las derechas era un tránsfuga al que responsabilizaban de la quema de iglesias de Mayo de 1931, siendo Ministro de Interior del primer Gobierno Provisional.

Como era de esperar, tuvo que declinar los poderes porque no conseguió los apoyos necesarios para formar Gobierno.

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Tras este nuevo fracaso, Don Niceto hizo otra de sus piruetas abracadabrantes:

devolvió el encargo a Chapaprieta; el mismo que había dimitido cinco días antes por carecer de los apoyos necesarios para sacar adelante su programa económico.

¿¿Tú lo entiendes??

Cosas de Don Niceto.

Chapaprieta también había sido compañero de fatigas de Alcalá Zamora, como ya expliqué en el capítulo dedicado al escándalo del Estraperlo.

El caso es que la única fuerza parlamentaria de Chapaprieta consistía en su propio escaño, y, lógicamente, tampoco pudo formar Gobierno.

¿A qué jugaba el Presidente de la Repúlica?

Poco a poco se iba haciendo realidad el vaticinio de su nota de prensa: “imposibilidad actual" y "definitiva" de formar Gobierno.

¿Lo pillas?

El 14 de diciembre, tras seis días de crisis, cuando todo el mundo pensaba, que no quedaba otro remedio que dar el Poder al líder de la C.E.D.A., Alcalá Zamora sorprendió a todos con el último pase de pecho: mandó formar Gobierno a Manuel Portela Valladares.

Portela Valladares no representaba absolutamente a nadie. No tenía ni escaño.

No obstante, no tendría la misión imposible de gobernar sin apoyos parlamentarios, porque Alcalá Zamora le metió en el bolsillo el decreto de disolución de las Cortes.

Don Niceto le dio poder para convocar elecciones si no conseguía formar gobierno.

Manuel Portela Valladares
Manuel Portela Valladares.

Y os preguntaréis… ¿quién carallo es este tipo?

Perfil político de Portela Valladares.

La carrera política del gallego Manuel Portela Valladares no tiene desperdicio.

Empezó a principios de siglo militando en las filas de Eugenio Montero Ríos, posteriormente con su yerno (heredero de las "huestes monteristas") Manuel García Prieto.
Con ellos se hizo experto "electorero" en la época dorada del voto caciquil.

Durante el reinado de Alfonso XIII fue Diputado, Fiscal General, Gobernador civil de Barcelona, incluso llegó a Ministro de Fomento.

Al ser nombrado gobernador civil de Barcelona, Portela abandonó temporalmente la masonería para ingresar en la aristocracia catalana mediante matrimonio con Clotilde Puig de Abaria, rica heredera y IX condesa de Brias.

Tras la llegada de la dictadura de Miguel Primo de Rivera fue fulminantemente cesado como Ministro. Este suceso le convirtió en republicano de toda la vida.

Sin embargo, apostó caballo perdedor al llegar la II República.

En el republicanismo gallego eran pocos y mal avenidos: Portela Valladares formaba parte del Pacto de Barrantes, mientras que los que se llevaron el gato al agua fueron los representantes del Pacto de Lestrove, encabezado por Santiago Casares Quiroga (amigo personal de Azaña).

Portela Valladares abrazado a Miguel Primo de Rivera
Vemos a Portela Valladares abrazado a Miguel Primo de Rivera en sus tiempos de Gobernador civil de Barcelona.

Portela Valladares obtuvo acta de diputado en las elecciones a Cortes Constituyentes, pero quedó fuera de la coalición republicano-socialista (en la que iba Casares Quiroga) que, a la postre, fue la ganadora de las elecciones.

Esta desgraciada circunstancia obligó a Portela a vagar como alma en pena por el Parlamento del primer bienio.

En 1934 estaba políticamente muerto: tenía 68 años y no había conseguido revalidar escaño en las elecciones de 1933.

Sin embargo, su suerte cambió inesperadamente cuando coincide con Lerroux tomando las aguas en el balneario de Mondariz.

Verás.

Portela era buen conocedor de los entresijos de la política catalana. Lerroux decide resucitarlo para dirigir el Gobierno sustituto de Companys.

Te recuerdo que Companys estaba encarcelado (a la espera de juicio) tras el golpe de Estado secesionista de 1934.

Portela Valladares tomando posesión de su cargo de Gobernador General de Cataluña
Aquí lo vemos en el despacho de Presidencia de la Generalidad tomando posesión de su nuevo cargo de manos del General Batet. (Mundo Gráfico, 16/01/1935)

Meses después, Portela Valladares fue llamado a Madrid para ser nombrado ministro de Gobernación (hoy diríamos Ministro de Interior), coincidiendo con la crisis de Gobierno que provocó el indulto del sindicalista Gonzalez Peña

Lerroux se queja en sus memorias que nunca acertó eligiendo colaboradores:

“me lo agradeció tanto, tanto que no podía oírselo decir sin ruborizarme”,

No obstante, de vuelta como Ministro en Madrit, decide cambiar de aires cuando el Presidente de la República le ofrece ser cabecilla de su nuevo proyecto político de centro.

Portela Valladares no tardó en hacerle la cama (“a paso de lobo” escribió Lerroux), para echarse en los brazos de Alcalá Zamora.

En otro artículo, explico el lío que montó Manuel Portela Valladares al día siguiente de las elecciones del 36

Pero para que te vayas haciendo una idea de la personalidad de este pollo, te cuento su proceder cuando estalló la guerra civil:

Unos anarquistas estuvieron a punto de trincarlo. Escapó de Barcelona disfrazado de mujer (haciéndose pasar por sufragista inglesa), hasta conseguir embarcar de pu4o milagro en un buque de la armada francesa.

Una vez en Francia, lo primero que hizo fue escribir una carta de adhesión inquebrantable al “Jefe del nuevo Estado y generalísimo de los ejércitos de España”.

Lo cierto es que Franco pasó olímpicamente de él y Portela decidió volverse con los republicanos.

A pesar de que la prensa franquista publicó a toda plana su carta de adhesión al Generalísimo, los republicanos se tragaron el sapo y lo acogieron como al hijo pródigo.

¿Motivo?

Estaban muy necesitados de dar una imagen de moderación a la opinión pública internacional.

Nada mejor que la presencia del «Conde de los cabellos de plata» (así se refería a él Queipo de Llano, en sus famosas alocuciones de radio).

Venía bien lucir un noble en las Cortes republicanas de Valencia para acallar a los que denunciaban que solo había diputados de izquierda.

En cambio, su mujer (la condesa) se pasó a la España franquista y mandó a la mierda a su marido en otra carta que también se hizo pública.

El vodevil hubiera hecho las delicias de la prensa rosa, si no fuera porque las cunetas de España se estaban llenando de cadáveres a medio enterrar.

El horno no estaba para bollos.

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Pues ahí donde le veis, Alcalá Zamora eligió a este pollo como la cabeza visible de su nuevo proyecto político «de centro»:

Un nuevo partido destinado a dar continuidad a su carrera política, o sea, seguir en la poltrona una vez que abandonara la presidencia de la República.

Don Niceto tenía prisa por arreglar su futuro: ganara quien ganase las próximas elecciones, la primera víctima política iba a ser él.

Fue justo lo que ocurrió.

Pero esto, te lo cuento mejor en el capítulo dedicado a la ascensión de Azaña a la presidencia de la segunda república.

Camino de las elecciones.

La promesa del Presidente de disolver las Cortes, supuso la ruptura definitiva de la coalición de Gobierno.

  • Martinez de Velasco (Partido Agrario, 25 escaños),
  • Melquiades Alvarez (Liberal demócratas, 10 escaños)
  • y Cambó (Lliga catalanista, 24 escaños) 

En principio se negaron a seguir el juego al Presidente, sin embargo, cambiaron de opinión cuando se enteraron de que Portela tenía potestad para convocar nuevas elecciones.

Por contra, la C.E.D.A. (115 escaños) y los radicales (90 escaños) no fueron invitados a participar en el nuevo Gobierno.

La izquierda aplaudió la expulsión de los “clerical-fascistas”, y celebraron como una victoria la llegada de nuevos comicios.

Era lo que venían pidiendo desde las elecciones de 1933.

Esto es lógico.

Lo que no es tan lógico es el motivo por el que Agrarios, Liberal Demócratas y Catalanistas rompieron la coalición con la C.E.D.A para unirse a un tránsfuga como Portela.

¿Motivo? La ventaja que daba presentarse a las elecciones desde el Poder.

Oh!.

Hay cosas que nunca cambian en la política española.

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Portela Valladares se las prometía muy felices con las Cortes suspendidas.
Pensó que tendría tiempo para sustituir los Gobernadores Civiles provinciales para ir engrasando el engranaje electoral antes de las elecciones.

Pero los planes se vinieron abajo: el nuevo Gobierno solo duró 15 días.

Verás.

Exceptuando las de 1933, las elecciones en España, siempre las había ganado el partido en el Poder.

Los nuevos ministros se frotaban las manos, cuando, el 27 de diciembre, un Gil Robles —muy mosqueado— sorprendió a todos con una nota de prensa que decía:

“La C.E.D.A. no entrará en coalición con ninguno de los partidos que coadyuven desde el Gobierno a los planes del señor Portela (..) 

No hay que pensar siquiera en que la C.E.D.A. admita en las candidaturas nombres de partidos que, tras romper el bloque, van a pretender crear un grupo artificial al amparo del Poder 

(..) después del Decreto de disolución, no habrá posibilidad de inteligencia con los elementos del antiguo bloque que hoy están en el Gobierno”.

El efecto fue fulminante.

Séptima y última crisis de Gobierno de 1935.

La declaración de Gil-Robles provocó la estampida de los ministros que se habían hecho la ilusión de jugar a dos barajas:

  • Por un lado: controlar las elecciones desde el Gobierno.
  • Por otro: volver a presentarse en coalición con la C.E.D.A. 

Cuatro ministros dimitieron ipso facto.

La nueva actitud de Gil Robles suponía su ruina política. Con la C.E.D.A., tenían alguna posibilidad de triunfo electoral, mientras que en solitario la derrota era segura. 

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La absurda Ley Electoral primaba de tal forma las coaliciones, que nadie osaba presentarse en solitario.

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Total, que estas inesperadas deserciones provocaron la séptima y última crisis política en lo que iba de año.

Esta vez no hubo consultas, ni leches. 

El Presidente de la República ratificó directamente a Portela Valladares. El día de Nochevieja formó un Gobierno zombie de 9 ministros, de los que 6 no tenían escaño y otros 3 habían sido desautorizados por sus partidos.

El nuevo Gobierno estaba muerto antes de nacer: caería en la primera votación parlamentaria.

Para evitarlo, su majestad Alcalá-Zamora prorrogó la suspensión de las Cortes durante todo el mes de enero.

Normalidad democrática premium.

Portela Valladares y la prórroga de los presupuestos.

Portela intentaba apurar el plazo legal de suspensión de sesiones. Tenía los resortes del Poder en su mano y necesitaba tiempo para atraer el máximo número de caciques al nuevo partido .

Pero se encontró un problema: había que prorrogar los presupuestos.

El artículo 155 de la Constitución lo decía muy clarito: 

“nadie estará obligado a pagar contribución que no esté votada por las Cortes o por las Corporaciones legalmente autorizadas para imponerla”. 

Sin apoyos y con el Parlamento suspendido, a Portela Valladares no le quedó otro remedio que prorrogarlos por decreto. 

Ca-ga-te-lo-ri-to.

Era la primera vez en la historia de España que se aprobaban unos presupuestos por la cara.

Lógicamente, la decisión provocó los más encendidos debates políticos.

El asunto tenía base legal para presentar un voto de censura al Gobierno (los monárquicos propusieron hacerlo extensivo al Presidente de la República) y obligar a dimitir a toda la pandilla.

Pero, una vez más, Gil Robles no se atrevió a atacar a Alcalá-Zamora (algo que sí hizo Azaña en cuanto ganó las elecciones).

Sorprendentemente, la C.E.D.A. votó a favor de la moción de censura a Portela Valladares, pero no apoyó la de Alcalá Zamora.

La situación se hizo insostenible.

A su majestad de la República de España, don Niceto Alcalá-Zamora, no le quedó otro remedio que convocar elecciones a la desesperada.

Portela Valladares brindando con los periodistas tras la convocatoria de elecciones
Portela Valladares brindando con los periodistas. La prensa fue convocada a un "cock-tail", tras el anuncio de disolución de las Cortes. (Ahora, 8/01/36)

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Después de 28 gobiernos y 97 ministros, el móvil secreto del Presidente de tener su propio partido, llevaba España a las terceras elecciones generales en cinco años.

Don Niceto pretendía ocupar el espacio político que habían dejado los radicales tras el naufragio del Estraperlo.

Los oxpertos en Historia justifican la actitud del Presidente por un supuesto interés en «centrar la República», pero si has leído hasta aquí, te habrás dado cuenta que don Niceto convocó elecciones en beneficio propio; y lo más grave: pretendía ganarlas a la antigua usanza. 

Su testaferro Portela Valladares, era el encargado de dirigir el pucherazo desde el ministerio de Gobernación: nombrando Gobernadores civiles, fichando caciques y amañando actas.

Una vez más se equivocaba.

Su proyecto centrista era una utopía de político de vieja escuela al que solo se sumaron un puñado de tránsfugas que no se comieron un colín.

Es un hecho: en 1936, la lucha electoral estaba planteada en los extremos. A la postre, fueron izquierdas y derechas las que se quedaron con los votos del partido Radical.

El chiringuito del Presiente acabó mal:

Portela Valladares dejó mangado el Poder en mitad del escrutinio electoral y don Niceto fue expulsado de la Presidencia de la República dos meses después.

Por cierto, con menos trámite del necesario para echar a un bedel.

Comoquiera que mi artículo se está alargando, mejor te lo cuento en los próximos capítulos de esta, si, verdadera historia de la II República.

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